lunes, 22 de junio de 2009

Sexo a la francesa, en París


En octubre de 2008 estuve invitada al Salón de la Educacion Europea en Porte de Versailles, París . Un sitio repleto de estiudiantes curiosos que van a llenarse de folletos de todas las universidades de Europa, para saber cual les conviene elegir por carreras ...y precios .
No iban los papis, no iban las mamás : iban ellos solos o en grupo, por su cuenta,. a buscar su futuro, y esto me enterneció muchísimo. ¿ En que Expouniversidad se ve esta afluencia de jovenes? Peri los frances no tiene un pelo de tontos y justo en el centro del salón hicieron dos cosas muy interesantes , que demuestran por qué ellos están en el Pirmer Mudno y nosotros no. En un sitio con ppolatea y escenario tenia lugar un juego de preguntas y rspuestas con 4 particpantes y un animador, transmitido en panatlla gigante al resto dle salón , y con premios a los ganadores, sobre Educacion Sexual . Con aplausos, silbatos y todo, como en un programa de tele . Los curiosos rodeaban el lugar y de paso se enteraban de muchisimas cosas.

Las preguntas eran, por ejemplo " ¿Cuantas veces en un relacion sexual tengo que usar preservativo? a) una sola vez, aunque haga el amor varias veces , b) cada vez que tenga un orasno me tengo que cambiar el preservativo, c) ninguna vez" ... Otras aclaraban temas homosexuales como " ¿ Como disfrutan las lesbiana de hacer el amor ? a) Igual que las heterosexuales, por estimulacion del clitores . b) Por penetración c ) A veces a y a veces b , segun quien ,cuando y con quien. " Si ella me dicfe que se cuida , debo a) usar igual el condón , b) preguntarle si quiere que lo use , c) no usarlo"...etc
...
Al lado de este sitio de juegos habia un stand siempre concurrido que mostraba como ponerse un preservativo femenino, como ponerse un presevativo masculino, como chequear de que esté bien colocado y no tenga fallas...

Y por qué el alcohol, las drogas y el tabaco son enemigos de la sexualidad responsable .
Los forros debian colocarse en penes de colores y de un tamaño presumiblemente diseñado para que ningun varon se sienta acomplejado de que su " máquina" es más pequeña ...( ¿ no se ven como ...chiquitos?)¡ como cuida esta sociedad a los varones, para que no se ofendan!

En fin, me vine un poco triste viendo como toda la informacion sexual los franceses la tienen tan accesible y ta respetuosamente suministrada , y como todo el mundo tiene curiosidad por el tema .

Las chicas y los muchachos que hacían las demostraciones eran todos agradables, serios, y guapos. No se escucho una sóla risita nerviosa en todo el tiempo que estuve en el stand, y sí hubo muchas preguntas serias acerca de las diferencias en tamaños y texturas de cada persona ...y de cada forro...

¡ Costaria tan poco hacer algo asi por acá! Pero la verdad , ¿ Se imaginan pijas verdes en una exposición sobre educación , por estos lares? No perdamos las esperanzas: ¡la imaginación al poder !

¿ No es lindo aprender educación sexual con una chica vestida y con un bombón como el de la foto que te explica todo con un pene de plastico? ¡¡¡Todo el stand era tremendamente SEXY!!!!

Titanic - ( Relato de amor cotidiano)


Es francamente insoportable.
Desde el estruendo que hace a la mañana al despertarse hasta cómo ronca a la noche, pasando por las horas que ocupa el baño, es insufrible.
Ya no lo aguanto más.
Esta relación se va a pique.
A la mañana pone el despertador. Al divino botón, porque no lo escucha. Podés tirar diez cañonazos de salva, y no los escucha. Soy yo la que tiene que sacudirlo “ ¡Ey!¿Vos no trabajabas los lunes?”.
Trato de seguir durmiendo, porque yo arranco más tarde. Pero el tipo prende las luces del techo, y me da como 1000 watts en cada pupila. Abre el placard de par en par y no sé si elige mucho la ropa o qué, pero le lleva media hora sacar un pantalón y elegir una remera. Tiene la manía de creer que las remeras se encogen después de lavadas, y se pone a estirarlas con un brazo, como haciendo flexiones, mientras yo estoy en la cama .Y yo tratando de dormir, y viéndolo estirar los brazos para un lado y para el otro, haciendo mierda la remera, y con miedo de que me noquee en uno de los estirones. Encima, con cada movimiento que hace saltan los resortes del colchón…y salto yo . ¿Quién puede seguir durmiendo así? Porque no es un alfeñique, pesa como noventa kilos.
A la mañana, se destapa él, levanta la colcha entera y me destapa a mí. Si a la noche tiene frío, tira de la frazada y me deja totalmente destapada, a mí, que soy friolenta. Pero generalmente tiene calor, y tira todo al piso, destapándome a mí. La cuestión es que siempre me destapa. Me saca de quicio.
No se qué hace con los zapatos. Calza 44, entonces si se le cae uno, es como que cayó la bomba nuclear. ¡Boooom! A veces salto del susto, pensando que rompió algo, o que explotó el calefón. Siempre deja varios pares sueltos al costado de la cama. No son zapatitos que si los empujás con el pie, se corren y podés apartarlos en el rincón, no. Podés patearlos y ni quiera se mueven. No los pateo, porque capaz que me fracturo el pie. Se va a la cocina, y me deja el piso de la habitación lleno de zapatones, es desesperante. ¿ Me voy a poner yo a guardar cada zapato que pesa dos kilos? Se lo digo, y me dice que a él le molesta que yo no le deje ni un cajón libre, que no tienen lugar para sus cosas. ¿Qué le voy a dejar , si acá ya no hay lugar para mis cosas, tampoco? Además, una mujer precisa más lugar para sus accesorios. Yo tengo bijoutería, pañuelos, foulards, remeritas, lencería. Para él, con un cuarto de placard para sus remeras y pantalones, le tendría que alcanzar. Pero se queja igual, de jodido que es. Y no sabe poner orden ni hace pedacito que le toca.
Al cambiarse los pantalones acomoda las cosas en los bolsillos como si quisiera hacer el mayor ruido posible No sé que hace, pero sacude monedas, cuenta plata, tintinea llaves, cambia moneditas de lugar, las tira sobre la mesa de luz para ver como suenan. Cualquier cosa con tal de no dejarme dormir un rato más. Tiene un llavero más grande que el de San Pedro. No se para qué. De todas esas llaves, usa tres. Pero suenan como las campanas del Vaticano. Un estruendo.
Ah, y las toses. Hace cuatro años que dejó de fumar, pero a la mañana me ofrece un concierto de toses y gargajos que creo que en un hospital de enfermedades respiratorias no escuchás tantos ruidos. Yo le digo que empiece a fumar otra vez, con tal de no escuchar esos sonidos tan desagradables.
Y lo del baño. No puede ser que un tipo, que ni siquiera se afeita, porque usa barba, se quede más tiempo que yo en el baño cada vez que se ducha. ¿Qué se cree, que está en un spa, o en un centro termal? ¡Por favor, a las nueve de la mañana la gente normal se apura!Para mí que se queda en la ducha dos siglos, sintiendo como el agüita le baja por la espalda. Después no sé si se corta los pelos de la barba, de las orejas o de la nariz, pero el lavatorio termina hecho un asco de pelos cortados. Y mejor que no quiera usar le baño para hacer sus cosas. Porque aunque él dice que no se lleva lectura al inodoro, un tipo adulto y sano y si sin problemas de oclusión intestinal no puede pasar cuarenta minutos sentado en el trono, y otros veinte en el bidet. Le van a salir hemorroides de tanto estar así. El aroma que deja es como una bomba biológica, después del concierto de ventosidades varias. Y soy yo la que tienen que andar corriendo atrás con el desodorante de ambientes en aerosol, aroma jazmín, porque le ponés tres tubos adelante y no los ve. Y lo de la garganta ...tiene la teoria que una buena dentadura y una laringe sana e consiguen cion gargaras de agua con bicarbontao y no se que mas . Se pone a hacer las gragaras y creo que ahi si , despierta a los vecinos . Cada dia de la vida . No le puieden faltar. Le pregunté a nuestros dentista y me dijo " a mi no me eche la culpa que yo no le dice nada de eso ...son mambos de él "
Además, no puede salir del baño sin cerrar la puerta de un portazo que hace temblar la casa. No se porqué, pero a la puerta del baño la quiere dejar giratoria. Ya hay rajaduras al costado del marco, y dice que no las hizo él, que en todas las casas el material “trabaja”. Pero no deja de dar portazos.
Cada santa mañana del año me deja la cama deshecha- que la haga Mongo-, y el toallón empapado sobre las sábanas. Cada santa mañana le explico que después de usarlas, las toallas se cuelgan en sitio aireado para que se evapore su humedad, que si no, de color rosa va a pasar a color verde moho, por no hablar de que al mojarse la sábana con el toallón no puedo hacer la cama hasta que se seque, o las tendremos con lindos lamparones de un tono Roquefort. No, no le entra en la cabeza. Para él, los toallones mojados van sobre la cama, o peor, sobre el piso. Porque todo lo que esta en el piso, no lo ve. A veces fantaseo con matar a mi suegra y dejarla en el pasillo que va al baño. Te juro que él no la va a ver. Mucho menos, levantarla. Va a levantar el piecito para pasarle por encima, ida y vuelta , mil veces . Lo que yo no levanto, queda ahí. Una vez tiré papelitos con fecha y hora, para demostrarle que estaban en el piso desde el 6 de junio pasado a las 9 de la mañana. Me discutió que ayer ese papel no estaba ahí, el muy testarudo. No volví a repetir el experimento porque soy yo la que no se banca ver las cosas en el piso. En la convivencia, siempre pierde el más prolijo y gana el que le importan menos vivir con dignidad. .
Otra cosa que me irrita es su manera de hacer el desayuno para él solo. No es capaz de calentarme un café. Cuando yo tomaba mate y él café, se hacía el café, y no era capaz de calentarme agua para el mate. En resumen, no es capaz de prepararme un desayuno. Me dice que para qué va a prepararlo, si nunca sabe cuándo me levanto. Y que si lo hace, para cuando yo esté lista, estará frío. Y a mí que me importa que se enfríe. Lo que me importa es que él me prepare algo. Dice que siempre me quejo de lo que me prepara, porque el café tiene mucha leche, o está muy flojo, el mate está quemado, frío o lavado. O que le digo quién te dijo que quiero una tostada, y menos con dulce de naranja. Es que ya debería saber que le gusta solo a él. Es cierto. A veces quiero una tostada y a veces no. ¿Por qué tengo que desayunar lo mismo cada día, como hace él? Tengo días en que me levanto queriendo comer fruta, y otros que no te pruebo una fruta ni loca. Bueno, que pregunte, estoy a un metro de distancia, qué le cuesta preguntar. Ah, claro… como pone la radio a todo volumen para escuchar las noticias no escucharía mi respuesta. La peor radio de todas, una donde todos se ríen como gallinas cacacareantes a las ocho de la mañana. Por Dios, de qué te podés reír a las ocho de la mañana sin tomar gas hilarante. A él le divierten esos pavos. A mí me irritan terriblemente.
Así que a esa hora él hace su café, y se queda veinte minutos agarrado de la puerta de la heladera, como si se fuera a caer si la suelta, mirando el interior del aparato. No sé qué le encuentra de lindo a contemplar una bolsa con zanahorias como si fuera un Van Gogh. Le pregunto qué hace y me dice “nada”. Claro que nada, ya veo. No sé si espera que se le materialice una longaniza, o una torta Selva Negra. Pero si anoche se quedó diez minutos mirando la heladera, debería saber que esta mañana no vas a encontrar nada nuevo. ¿Anoche saliste a las tres de la mañana a comprar mermelada de frambuesas, jamón serrano, queso gruyere y facturas vienesas? Yo tampoco, así que qué tanto mirar la heladera.
A veces pienso en escribirle una lista de lo que hay en la heladera, y pegársela en la puerta, porque va a terminar rompiéndola de tanto colgarse el abrirla. Te cuento lo que hay, querido : medio limón , aceitunas negras, media lata de tomates, un ají verde, una manzana vieja, tres huevos, medio pan de manteca , una cerveza empezada , un repollo, dulce de naranja, queso crema y medio salamín . Nada para la mañana, excepto el dulce y la manteca. El pan está en el freezer, como siempre.
Además tiene la rara habilidad de hacer llamados telefónicos antes de salir, justo cuando yo tengo que hacerlos. No sé por qué se le ocurre que yo puedo llamar a la noche. Yo también agarro a la gente en su casa a la mañana o no la agarro más. Encima.
Él llama para que le hablen, no para hablar él. Porque lo escucho media hora diciendo si -, si , si , si , no, claro, si , si, si . Si era el otro el que tenía que hablarle, ¿por qué no llamó el otro? Y yo llego tarde al trabajo esperando que él largue el teléfono.
Está bien, reconozco que mi horario de trabajo es más flexible y puedo hacerlo, pero caray, a veces no quiero hacerlo. Otra cosa que me rebela es que apenas el gato hace miau, el le llena el plato con alimento balanceado. Cuando ya le dije que hay que darle de comer las sobras , y el balanceado es para dárselo a la noche, así nos deja dormir. Porque si al gato le das de comer dos veces por día, termina como Garfield. Y si le das a la mañana, no molesta a los vecinos, pero a la noche no duermo yo, porque se la pasa maullando de hambre. Si lo acostumbramos a que coma de noche, a la noche no va a hinchar. Claro, lo que pasa es que como él duerme como un tronco, no escucha los maullidos. Yo sí. Bueno, no lo entiende. El gato lo mira como carnero degollado, y el da Fat Cat sabor ratón, o como se llame.Antes de irse decide cambiarse de campera, porque la que lleva le parece muy pesada o muy liviana. Otra vez el concierto de las moneditas. Y despues pierted las llaves y revisa toda la casa otra vez . "¿ No viste las llaves?" me dice mientras intento terminar un sueño en el que Goerge Clooney y Javier Bardem se peleaban por mi . " Si , las tiene Goerge Clonney en la mano, se las veo ...no mentira, las estoy viendo levitando al lado de tu oreja ...y eso que desde anoche que no abro los ojos" , lo jodo.
A lo largo del día me llama, siempre me llama, para avisarme boludeces deprimentes “El estereo no tiene arreglo”, “No se consiguen repuestos para la procesadora. Les dije que se la guarden.”; “No consigo plomero que pueda venir esta semana”, “Tu auto tiene el embrague hecho puré” . O peor, me pregunta “¿Alguna novedad?”.¿Qué novedad quiere que le diga? ¡Un ovni se llevó la ropa colgada! ¡Nos ganamos la lotería de Transilvania!
Después, a la noche viene oliendo a faso, porque en esa oficina todos fuman, y vuelta a colgarse media hora de la heladera. Y a preguntar qué comemos. Eso me vuelve loca. Y a meterse en la cocina a picar lo que yo esté cortando. Quiero hacer una tortilla de jamón y queso, y me deja en dos minutos sin jamón y sin queso. Entonces le digo que ahora no le hago nada tortilla, que le hago un huevo duro. Y me pone cara de asco. Y me pregunta por qué le pongo tanta sal al agua, que un desperdicio. Cómo se nota que no sabe hacerse un huevo duro, y que no conoce el precio de la sal. Y por qué al tomate le ponés tanto aceite. Porque siempre lo comes así y si no me ves hacerlo, no decís nada, caracho. Y que por qué no le ponés ajo. ¡Ajo! ¿No le importa tirarme encima aliento a ajo? Y aplaude cuando le digo que hay churrasco. Pero después no lava la plancha. Lava solo los platos. La plancha, en vez de lavarla, dice que me la dejó en remojo, porque tiene mucha grasa que no sale, y pesa mucho. No, no se enteró de que existe el polvo limpiador y las esponjitas metálicas. Dice que sabe, pero que no la encuentra. Uf.
Cuando le doy sobras recicladas, en vez de decir no mi amor, dejá que pido un matambrito a la pizza o al verdeo, o una Suprema a la Maryland en el boliche de abajo, se sienta y dice bueno, y se come lo que le des, onda compactadora. Entonces para que cuerno voy a hacer lomo mechado con ciruelas. Es un asco.
Ayer fue lata de atún con tomate. Bien dietético. Y deprimente. Yo por lo menos, prefiero bajarlos con algo de pan, para comer algo consistente. Pero siempre tengo que ser yo la que se levanta a buscarlo. Si va él, primero se pasa media hora preguntando dónde está el pan. En el freezer, le digo, el que busca encuentra.
Acá no hay nada, dice él.
Y te juro que aunque tenga el pan delante de los ojos, no lo ve, porque dice que el freezer es un despelote, que todo es igual, que no se distingue el pescado de la torta, que por qué no tiramos todo, que debe estar viejo. Ni se da cuenta de que soy yo la que se queda en casa los sábados cocinando para meter en le freezer y comer variado cada tanto. Si le pongo unas lasañas rellenas de nueve meses, éste se cree que las hice en diez minutos, que es lo que me lleva calentarlas en el microondas. Si le traigo un recién nacido, capaz que también se cree que lo hice en diez minutos.
Después tarda media hora en separar una rebanada de pan congelado de otra, y otra media hora en descongelarla al mínimo en el microondas. Yo le digo que lo ponga al máximo 10 segundos, pero no, él lo pone al mínimo dos minutos, así, de puro caprichoso. Si le pido que se apure, me descongela medio kilo de pan de una , y después tengo que tirar todo lo que no usamos.
En la cena, no me habla, o habla boludeces .
Que la pared está fea, que no encuentra el cinturón gris, que Núñez le dijo que van a arreglar para ir los dos este fin de semana a jugar al tenis. Bah, hace diez años que Núñez le dice que tienen que arreglar para jugar al tenis el fin de semana, y nunca van. Se lo dije y se ofendió. Le dije que si no concreta de una vez, es todo blablabla . Y me dice que no tendría que contarme nada, porque todo se lo critico. Entonces doy por terminada la cena.
Porque me irrita ver que se toma un litro de soda en dos minutos, y cómo come el pan, sacándole la miga y comiendo la corteza y después amasa las migas como si fuera plastilina y me deja esas bolas de miga ahí que parecen mocos gigantes. Y me dan tanto asco que no quiero ni tocarlas.
Levanto los platos y le digo que traiga los vasos. Me pongo a lavar los platos y me dice por qué no uso el agua caliente, porque con el agua fría no se lavan bien. Y yo le digo si sabés tanto porqué no los lavás vos. Tiro la esponja, al diablo con esto de querer hacerme el ama de casa perfecta, y me voy a terminar unos papeles que tengo que llevar mañana al trabajo. Un plomo, interminable, no logro concentrarme. Ruego que en ese tiempo él no tosa y escupa gargajos. Y tose y escupe gargajos. Y, lo que es peor, silba como un portero lavando la vereda. Lo peor no es que silbe. Lo peor es que silba tangos. ¿No es deprimente? Ni siquiera una música inventada, o algo de rock. Tangos. Tiene la mentalidad de un viejo choto.
Cuando se me caen los ojos de cansancio, paso por la cocina a ver cómo la dejó. El trapo rejilla hecho un bollo detrás de las canillas, empapado, cosa de que se pudra rápido. La basurita de la pileta acomodadita al costado de la mesada. Si la sacó del agujero del desagüe, ¿ qué le costaba tirarla a la basura? No, él es fino. Va mami y la tira, ya que mami hace todo. Un asco. Exprimo y estiro el trapo rejilla sobre la manija del horno. Apesta.
.¿Le dio de comer la gato? No, se lo tengo que dar yo, como siempre.
¿Guardó la mayonesa en la heladera? No, me quiere matar con sobredosis de salmonella. ¿La soda donde está? Calentándose en la mesa. Ja, después la quiere fría. Si uno lava los platos, se supone que tienen que guardar lo demás, ¿no? Pero no, si no voy yo, queda todo afuera toda la noche. No digo nada por no discutir más.
Voy al dormitorio, los zapatos están en el camino, por supuesto.
Y ahí está la morsa, tirada en la cama cuan larga es, mirando cualquier cosa en al tele.
Y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa: propagandas de Sprayette, desfile de modas, un partido de fútbol Armenia. Tukmekistán , un pibe baleado en Crónica, una documental de una fábrica de coladores , un candidato a primer ministro en Chechenia . Cualquier cosa.
Y lo peor: se lleva un café a la cama. Después de lavarse los dientes toma un café, con lo cual le digo que se le van a pudrir los dientes con el azúcar. Y él me dice que le pone poca azúcar, que no alcanza para pudrir dientes. Bueno, que le cuente eso al dentista. Además, el café es para despertarse, ¿no? Entonces no se entiende para qué diablos se lleva un café a la cama, si lo que hay que hacer a esa hora es dormir.
Cuando se da cuenta de que me estoy por acostar, saca su ropa de arriba de la cama y ahí van rodando miles de moneditas, botones, fichas de video juegos, que se yo qué cosas que se le caen de los bolsillos y ruedan por el piso, todas las santas noches de mi vida. Él no se agacha para levantarlas, y quedan ahí. Como sus calzones, sus remeras. Todo por el piso. Con suerte, hace una torre de ropa en el respaldo de la silla junto a la cómoda, que a veces se cae de espalda con tanto peso.
Suspiro y empiezo a buscar perchas para colgar los pantalones. “No guardes nada, porque todo lo necesito a mano”, me dice. ¿Qué necesita?¿ Cuatro camisas, dos remeras, un vaquero, un short , un pantalón de corderoy y un polar? ¿Por qué necesita todo a mano? ¿Mañana se va a trepar e Aconcagua? ¿ O se piensa fugar? ¡El favor que me haría!
Y ahí sí que me broto. Y le pregunto por qué dejó el trapo rejilla hecho un bollo. Y me dice que igual ya hay que tirarlo, porque apesta y es puro agujero. Y le pregunto por qué tengo yo que tirar la basurita de la pileta. Me pregunta qué basurita. Nada, le digo.
Estoy tan furiosa que no creo que pueda conciliar el sueño fácilmente.
Bueno, ya se pudrió todo. Perdido por perdido, le pregunto si se acordó de pagar las expensas. Uy me olvidé, me dice, si no me avisás no me acuerdo. Te avisé tres veces, le digo. Me olvidé tres veces, me dice. No sé cómo vivís teniendo tan poca memoria, le digo, de morfar no te olvidás nunca. Si tenés tan buena memoria, por qué no las pagas vos, me dice. Porque no puedo ir al banco en toda la mañana y vos sí, le digo. Pagalas por Internet, me dice. Pagalas vos por Internet, le digo, que no entiendo cómo funciona y voy a terminar regalándole la plata al candidato a primer ministro de Chechenia.
Gracias a tu mala memoria mañana pagamos punitorios, le digo.
Mañana hablo con el administrador para avisarle que pago, me dice.
Oh, no, ahora tengo que ocupar medio cerebro mas haciéndote acordar que hables con el administrador, le digo.
No me rompas las pelotas, me dice el conde.
Mirá esas luces del techo, se están por caer, protesto, por cambia de tema.
Yo lo arreglo en el fin de semana, me dice, bufando.
Pero el ventilador de techo este nunca fue muy normal, lo instalaste como el culo, le digo. Se bambolea de un lado para otro y un día se va a soltar nos va a rebanar las cabezas a los dos, le digo. Bueno, saldremos en Crónica, me dice el chistoso. Pareja muere semidesnuda decapitada en su propia cama.
Y lo quiero matar porque mientras me hace esos chistes patéticos está mirando un programa boludo de la rai, donde un pelado narigón trata de bailar con una mina en bolas con plumas en el orto. Entonces le arranco el control remoto de las manos. Aunque nos caemos de sueño, los dos queremos ver un poco más para irnos de esta realidad de ventiladores asesinos, mayonesa caliente, procesadoras sin respuesto y estereos kaput.
Con el control todo mío, paso animadoras, trolos, coladores, dinosaurios, nardalepes, futbol, cartoon network, jetix, sony, isat , cnn, tnt , mtv, cosmo, hallmark, animal planet , infinito y no vemos nada de nada de nada de nada . Hasta que veo a Jack decirle a Rose que se agarre fuerte, que ella tiene que vivir. Y ella, que se salvó del hundimiento, no quiere salvarse. Quiere que él salga del agua helada. Pero en la balsa improvisada no hay lugar para los dos. Y Jack le pide que no lo olvide, porque el siempre la amará, y le ruega a ella que sea muy feliz en la vida. Rose está desesperada porque el se está congelando, ya tiene labios azules, y no quiere salvarse sin él. Pero él quiere que se salve ella . Los dos, agotados, se quedan dormidos. Rose se despierta e intenta despertarlo. Él esta cubierto de escarcha. Y ella le mueve las manos, lo llama, el ya no responde. Y así, a Rose se le hunde su gran amor, perdiéndose en el fondo del mar.¿Se puede amar tanto, tan de golpe? Claro que sí, especialmente si no llegás convivir con tu amor.
Vi esa película diez veces y las diez veces lloro, infaliblemente. Un amor tan fuerte, tan puro, que duró tan poco. Una crueldad del destino. Ellos tenían que salvarse y vivir juntos, y tener hijos, y amarse para siempre, toda la vida. Pero no pudieron.
No, si me acabo de poner firme con el pago de las expensas, no puede verme lagrimeando porque di Caprio se muere.
Entonces no me seco las lágrimas para que él no descubra qué cursi y floja que soy.
Pero qué me preocupo si seguramente ya está roncando, porque no se mueve.
¡Qué va a ver Titanic!
Lo espío de reojo para ver si se durmió. Le veo la mirada húmeda fija en Rose. Y cuando ve que lo miro, dice qué linda ésta película. Me sonríe, porque ve que yo también estoy llorando, y me seca la lágrima con la mano. Me rodea los hombros con su brazo, y apoya mi cabeza en su pecho peludo. Me da un beso en la frente, y después en los ojos, y después llega a mi boca. Y me besa suavemente los labios, y siento su aliento dulce a café. Me toma la nuca con su manota, y se concentra en mi boca. La invade, la explora, la conquista, la revuelve. Me pone la otra mano en la pierna. La toca, la tantea, la goza, como un ciego, como si fuera la primera vez que me toca, como si fuera la primera vez que toca a una mujer...asi descubre mi cuerpoy me lo hace descubrir a mi. Sube la mano, me acaricia la cola, me mete la mano en la raya y sube por la curva de mi cintura y la espalda, suave y firmemente. Yo me sorprendo acariciándole esos muslos que siguen duros y firmes como si siempre hiciera tenis, y esos hombros tan fuertes que ni se ven bajo las remeras estiradas.
Me mete la mano debajo del camisón y me toca un pecho. Lo rodea con la mano, lo amasa, lo besa. Y me pasa la lengua por el cuello, los pechos, el ombligo, la ingle, hasta que me besa abajo de todo, como si fuera otra boca, ansioso, insistente. Y me vuelve loca de deseos.
De pronto, se levanta, me saca el camisón, se saca el boxer y se enrosca sobre mi cuerpo, como una boa constrictor de animal planet . Me recorre y me envuelve. Y los dos nos hundimos en abrazo, coordinando un ritmo de intenso placer, emocionados como una película de hallmark, porque él me conoce y yo lo conozco y sabe dónde vibro y sé cómo le gusta. Me sacude, me destapa, me derrite, me desarma, me hace suya y nos quedamos abrazados en un orgasmo fabuloso, de otra dimensión , surrealista como los programas de infinito, y dormidos abrazados, enganchados uno con el otro como para que ninguno de los dos se hunda en el océano helado.
A la mañana suena el despertador.A las seis en punto . El perro del vecino lo escucha y ladra . Él no lo escucha.
Lo sacudo para que se despierte, y se levanta, haciendo saltar toda la cama.
Enciende las luces, abre el placard, estira sus remeras con esos brazos demasiado largos , tose como un camionero, tira sus zapatos al piso como si fueran misiles y me despierto justo para ver su espalda inmensa entrando al baño, que ya sé que cerrará de un portazo que hace vibrara los vuidrios de la ventana .
Y no puedo evitar sonreír, mientras pienso, orgullosa, “es mi hombre”.

Una salida exitosa

En cine y television hay algo que se llama " preproducción", que es ir preparando todo para cuando la filmación tenga lugar . Se van buscando los sitios donde se filmarán las escenas, se consiguen los extras, el vestuario, la ambientación , y cuando hay que filmar, ya está casi todo listo en un 99% , y el 1% librado al azar y a como salgan las cosas segun el humor del equipo de filmación.
Una salida con una mujer no es menos importante que filmar una pelicula memorable : es más importante .
Si es la primera salida , él querrá impactar a la chica.
Si es la nonagésimo quinta , querrá despertarla del sopor a la que la tiene sumida , y querrá retenerla a su lado .
Es decir que para un hombre, preproducir la salida es algo que el conviene hacer , porque en ambos casos él sale ganando .
¿ Se puede saber entonces por qué diantres ningún hombre preproduce NADA; ni siquiera un segundo de la salida?
No sólo no tienen planeado qué haremos al salir con él , sino que nos preguntan bochornosamente : " ¿Y tu , qué quieres hacer?" A lo que sólo cabe una respuesta que callamos :" Salir con alguien más listo que tú" .
Muchos hombres dicen " prefieron no decidir nada y que decida ella, porque con las mujeres sucede que elijas lo que elijas, te critican " . Es cierto, para eso estamos : para ver como perfeccionar las cosas. pero eso no quiere decir que nos a obliguen a aramar la salida de punta a punta, que no arriesguen ningun destino que les gustaria a ellos, con lo cuall, de paso estaríamos conociendo sus gustos.
Las mujeres estamos esperando hombres que preproduzcan los encuentros como si fueran agentes de viaje, wedding planners y productores de cine al mismo tiempo : "Primero la llevo a tomar un trago a un sitio de moda, luego a cenar a un lugar donde se ve la luna en el mar, rio, laguna o charco , y finalmente música en vivo en un jazz bar muy cool, le gusto el jazz o no. Si no le gusta, la lleno de champagne , Bailey´s y besos, y le empezará a gustar .Al salir de alli, un helado gigante de chocolate para que se sienyta enmorada de mi por la feniletilamina del cacao, y en la puerta le digo que el sabado que viene la paso a buscar a las 21 , porque la llevaré al teatro y de ahi a un restaurante italiano y luego a bailar reggaeton en vivo...." nada de " ¿Y si no le gusta?¿ Será su estilo?"· Lo mejor es que él la llave y ella sepa que , al menos, es un macho decidido.
Si pasan dos meses y no conocen a ningun organizador creativo, chicas , sugiero que vayamos todas averiguando cómo conectarnos a George Lucas y Ford Coppola para salir con ellos, al parecer los dos últimos hombres del planeta que saben de la pre-producción ...que lleva a la acción final : ¡Luz, cámara... sexo!

Hombres que no quieren sexo


En el siglo pasado y repasado, Freud inventó la histeria para definir a las mujeres que se enfermaban sin bacterias , de puras ganas de que las abrazaran . Luego, para los psicólogos la histeria se trató de la patología que hace que una persona se deteste tanto a sí misma que se la pasa tratando de atraer a los demás con fruición , hasta que consigue atraparlos a su lado. Y luego, la persona histérica pierde interés y los desprecia, porque los " atrapados" ya están " contaminados" con su podredumbre. O sea, al histérico le interesa todo lo que NO sea suyo propio. Si alguien no les da bola, mueren por ella . Pero si caes en sus redes, pierden el interés porque su inetreés es saber que pueden junatr más gente para su club de admiradores privado. Por eso, los histéricos son seductores que se la pasan intentando ver si pueden conquistarte . Conquistarte en si , no les interesa . Pero tampoco les interesa perderte, porque no quieren quedarse sin admiradores en su club de fans . Asi que te da tanta atención como par no perderte, pero no tanta como para insertarte en sus vidas.
¿Pero esto sólo les pasa a las mujeres?
No , señores : le pasa al hombre moderno .
El histerico te habla a ocho centimetro de tu nariz, pero no te besa .
Te pregunta cosas muy intimas , pero mirando al televisor más cercano.
Te cuenta lo que siente por ti... mientras mira el reloj. (En realidad, es raro que te cuente lo que siente por tu, porque no siente nada por nadie. Lo que te cuenta es lo que él cree que sientes por él .)
Te dice que te extrañó mucho ...mirándole el culo a la mina que pasa más cerca.
Te dice " me gustás tanto que no podría ser solo tu amigo...y ahora me despido, porque quedé con una amiga" .
Te dice que quiere pasar la noche contigo y se queda en el sofá contándote su infancia hasta las cinco de la mañana, hora en que parte diciendote que mañana se tiene que levantar temprano para trabajar .
Te lleva a la casa de los padres como si fueras su prometida, y el se va a lo de un amigo dejandote sola a entretener a su madre y su abuela, que ya no saben de qué hablarte .
Te invita a tomar algo, pero nunca concreta.
Pasa un fin de semana contigo y al otro desaparece y ni siquiera te contesta el celular.
Te dice que te ama y detesta que lo llames " mi novio" ..." No somos novios" , dice.
Besa como los dioses, te toca toda besandote, pero nunca lo viste desnudo ...y de pronto te pregunta la obviedad de " ¿ Te acostarías conmigo?" . Sólo `para saberlo, porque no quiere acostarse con vos. Sólo quiere calentarte. Y si se acuesta con vos, a las siete de la mañana te raja porque viene su personal trainer, tiene que sacar la perro, o quedó con su tía.
Como no es tu novio, lo dejás. Pero él va a todos los lugares donde sabe que te va a encontrar . Y lo peor : hace como que fue a encontrar a alguien más . Pero se queda pegado a vos y te dice que estás más linda que nunca y que se muere de ganas de besarte.Y para no besarte, se emborracha.

Suponte que te hartas de tantas piruetas histericas y lo encaras, preguntándole que diablos quiere contigo.
¿ Queres saber sus respuestas?

1- "Somos el uno para el otro, pero siempre tuvimos mal timing para encontrarnos."
1 bis _" Nos tendríamos que haber conocido cinco años antes ."
2- "No insistí nunca contigo porque sabia que seguias pensando en tu ex. "
3- "No insistí nunca contigo porque yo no podía olvidar a mi ex ."
4- "Yo nunca quise nada serio , ni contigo, ni con nadie"
5- "Me haces sentir ahogado, no me presiones."
6- "Lo nuestro es perfecto así como está....¿ para qué definirlo?"
7- "A nuestro modo, estamos siempre juntos ...¿o no?"
8- "NO te entiendo, estás cambiada ...antes no tenias problemas y ahora me haces reclamos por cualquier tontería"
9 - "Estoy pasando por un periodo complicado de mi vida, y no quiero involucrarte en eso"
10- "Eres demasiado para mi, mereces a alguien mejor que yo."

Y con tal de ver si dice algo que te de una pista de qué siente en verdad, te quedas escuchando todas estas pamplinas ...Pero eso no es lo peor . Lo peor es que te crees acompañada por él ..cuando en verdada estás más sola que nunca. Y te aseguro que es mil veces más agradable estar sola de verdada que estar sin saber si el histérico de turno llama o no llama, viene o no viene , te quiere o no te quiere.
Cuéntame...¿no conociste alguno así?
Más histéricos de todo calibre en http://quesoyparati.blogspot.com

Sade enamorado



( Nota publicada en el diario Página 12 el 14/ 1 / 2001)

La película de Philip Kaufman estrenada esta semana en la Argentina, “Letras prohibidas”, reflota un fragmento del final de la vida del Marqués de Sade, un hombre que vivió empeñado en enfrentar a la sociedad haciendo y escribiendo todo lo prohibido. Pero la historia real es mucho más cruel e incluye una larga serie de torcidas relaciones y desafíos.
Al leer sus obras, Napoleón Bonaparte las prohibió y mandó internar a Sade en un manicomio. Una interdicción que rigió durante más de dos siglos.



Por Ana von Rebeur

“¿Cuál es la función de la cultura? ¿Sostener los principios sociales o desafiarlos? ¿Reafirmar el statu quo, o sacudirlo? ¿Embestir contra las instituciones que forman las civilizaciones –el gobierno, la Iglesia– o exponerlas? ¿La opresión política realmente alimenta el arte provocativo, en vez de censurarlo? ¿Qué pasa cuando silenciamos a los artistas de ideas extremistas? ¿Qué pasa cuando los dejamos expresarse?” Esas son las preguntas que se hizo el dramaturgo y guionista americano Doug Wright, autor de Letras prohibidas, luego de leer todos los libros del Marqués de Sade. En base a eso, el autor creó una obra de teatro que se estrenó en 1995, que ganó un premio Obie (equivalente a los premios Tony) y un premio Kesselring –por la mejor obra americana– del National Arts Club. La obra de este graduado de Yale hizo una gira estadounidense muy exitosa, hasta que la descubrió el director Philip Kaufman y decidió llevarla al cine.
Kaufman siempre buscó llevar al cine obras de corte literario, como La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, Lo que hay que tener de Tom Wolfe y Henry y June, la historia de Henry Miller y Anaïs Nin.
Wright sigue viendo en la obra de Sade “una literatura inquietante, extrema y revulsiva como no existe ni aun en estos tiempos donde pareciera que todo es la búsqueda de impactar con sexo y violencia. Sade les sigue ganando a todos con una mezcla de asombro, ironía, comicidad y terror”.
Inspiró su obra teatral un detalle peculiar en la obtusa y complicada vida de Sade: al leer sus obras, Napoleón las prohibió, una interdicción que rigió durante más de dos siglos. Bonaparte mandó internar a Sade en un manicomio y envió a un médico para que intentara detener la febril perversión y corregir el estilo de Sade, llevándolo hacia temas menos inconvenientes. ¿Es posible negarle a una imaginación volátil y prolífica su único medio de expresión? Ese es el eje de un relato que gira en torno de un incidente de la última etapa de su vida, con personajes reales pero de actitudes modificadas en Letras..., un film que viene cosechando tantas alabanzas como desprecio, como la misma obra del polémico marqués.
Sade escribió nueve novelas, una obra teatral, varios ensayos y más de cuarenta historias cortas y relatos cómicos, todas con un estilo que nadie pudo copiar, aunque sirvió de inspiración a creadores como Peter Weiss, Yukio Mishima, Octavio Paz y Pier Paolo Pasolini. Su prosa enloquecida salta de la comicidad más inocente a las fantasías onanistas más perversas, escenas de depravación y crueldad extremas para volver a reírse de todo lo humano. Mujeres forzadas a contraer sífilis, un hombre que ritualmente desangra a su esposa hasta matarla, una heroína que realiza misas negras junto al Papa (destripando a una mujer embarazada en el altar mayor del Vaticano), escenas de coprofilia, necrofilia, mutilación y pederastia, mezcladas con diatribas nihilistas en un universo sin reglas ni dios, donde la fuerza bruta triunfa sobre la moralidad, la violencia es el atajo al placer y la fantasía más loca se convierte en una cruda realidad. Ser él mismo no le resultó fácil a Sade: le costó pasar 30 años de su vida preso, acusado de violación y pornografía. Fue locamente amado, pero murió solo en un manicomio.
Un salto: cárcel de Caseros, un sábado de verano del 2000. Las esposas de los presos miran desde la ventana hacia arriba, a sus maridos colgados de ventanas deformes de tanto sacarles ladrillos.
–¡Traeme un video de acción en castellano, que del francés que trajiste la otra semana no entendí nada! –grita un hombre con muy pocos dientes para su edad y su voz rebota en toda la cuadra, mezclándose con gritos de otros internos.
–Qué sé yo si voy a poder tráertelo... –responde una morocha de ajustado pantalón amarillo hacia el tercer piso.
–¿Qué dijiste? –grita el hombre.
–¡Que no sé si voy a venir! ¡El sábado que viene voy de mi vieja y no tengo más plata para el colectivo!
Ellos sólo les piden cosas. Ellas son la única conexión con el mundo externo. Y les responden con el resentimiento de ser esclavas de esposos inútiles, parásitos durante meses y años. Hace 300 años, Renée Pelagie de Montreuil tuvo a su marido, el Marqués de Sade, preso durante 30 años en total, sumando repetidas detenciones. Pero ella dedicó toda su vida a atenderlo y planearle las huidas. Renée era la hija mayor de un abogado acaudalado. Era una chica de 21 años, poco agraciada y sin cultura pero con dinero, cuando conoció a su marido, de 22 años, el mismo día del casamiento arreglado por conveniencia. Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, era muy apuesto, sagaz, de gran cultura, miembro de la nobleza, dueño de unas tierras en la Provenza, y en bancarrota gracias a la vida licenciosa de su padre, gastador e inmoral. En esa boda del 17 de mayo de 1763 se gustaron y se empezaron a amar, lo que era muy extraño e impropio de los matrimonios de ese entonces. La madre de Renée adoraba a su yerno seductor, de intelecto veloz y charla amena. Lo defendió a capa y espada cada vez que la policía lo perseguía acusándolo de azotar prostitutas y realizar orgías inmorales y fue su cómplice cada vez que él quiso ocultar sus escapadas a su esposa. Pero Renée supo pronto que nada podría parar los apetitos de su marido. Quiso acompañarlo a cada instante, participando en las orgías y fiestas bacanales en las que en cinco años él se gastó la dote de su esposa, equivalente a unos 650.000 dólares.
¿Qué unía con tanta fuerza a esa pareja tan despareja? Tenían dos motivos para quererse: ambos detestaban la hipocresía de la sociedad francesa prerrevolución. “En esta sociedad, los más exitosos son los más falsos”, escribió ella en una carta. Al contrario de los parisinos, que se trataban de vous, ellos se trataban de tú, como la gente rústica del campo. Detestaban las normas y las convenciones y buscaban siempre ir más allá, desafiando los límites de una sociedad falsamente pacata. Los dos eran como huérfanos aferrados unos al otro: la madre de él se había recluido en un convento cuando Donatien tenía sólo 4 años y su padre lo dejaba en manos de criadas, viajando siempre en misiones diplomáticas. La madre de ella siempre la había despreciado por su fealdad, dedicándose por completo a su hija menor, la bellísima Anne Prospere.
En una noche fatídica de 1768, Sade llevó a una mendiga que encontró en la calle al bulín que tenía en el centro de París. Ella salió de allí apenas con fuerzas para denunciarlo a la policía, por pegarle con látigo hasta hacerla sangrar y luego tirarle cera fundida en sus heridas. Sade fue condenado a seis meses de prisión en la cárcel de Pierre. –Encize, cerca de Lyon. Renée decidió instalarse cerca de la prisión y tuvo que vender sus diamantes para pagar el viaje, el alojamiento y los sobornos al comandante de la prisión para que la dejara ver a su marido más veces que las dos anuales que permitía el rey. En esas visitas concibió a su segundo hijo: cuando Donatien fue liberado, ambos se instalaron en el castillo de La Coste, cerca de Avignon, un viejo edificio del siglo XI que inspiró al marqués historias de monjes sangrientos y nobles crueles. La armonía duraría poco. La bella hermana de Renée –diez años menor que ella y novicia de un convento– fue a visitarlos unos días. Donatien se enamoró perdidamente: la cuñada le proveía una explosiva combinación de incesto, pecado, virginidad y adulterio, demasiado tentadora para dejarla pasar.
Con ella vivió un intenso romance que barrió con todos los tabúes. Pero eso no era bastante para su alma inquieta y en 1772 salió una noche de juerga por Marsella con su lacayo, a quien obligó a entrar a un burdel, dejarse azotar por las prostitutas, dejarse sodomizar y sodomizar a su amo. El sirviente lo denunció por violación, tormentos e intento de envenenamiento con afrodisíacos. Con la entera aprobación de su esposa, Donatien huyó a Italia con su cuñada Anne Prospere. Al enterarse de que su yerno huía con su hija dilecta, la suegra del marqués pasó de ser su aliada a convertirse en acérrima enemiga: denunció su fuga y logró que la policía lo esperara alerta a su regreso y lo encerrara en la cárcel de máxima seguridad de Myans, en Saboya.
Renée Pelagie organizó nuevamente la fuga de su amado desde el pueblo vecino a la prisión donde vivía escondida, disfrazada de hombre. Así logró que el marqués pudiera escapar de su celda y huir nuevamente a Italia con su cuñada, para ser nuevamente detenido al regreso. Desconsolada y agotada, Renée envió a sus hijos a París para que los criara la abuela.
Cuando Donatien fue liberado, Renée lo ayudó a reclutar quinceañeras como siervas sexuales, para amenizar las orgías en el castillo de La Coste. La esposa del marqués se encargaba de consolarlas y premiarlas para que se quedaran en el castillo y no denunciaran al patrón. De hecho, fue muy querida por todas las damiselas. Pero la madre de Renée, harta de su yerno, había jurado encarcelarlo a él y a Renée si no lo abandonaba. De hecho, la empecinada suegra de Donatien consiguió que el mismo rey Luis XVI enviara a su pedido una orden de arresto en categoría de decreto que sumió a su inquieto yerno en la oscuridad de la prisión de Vincennes durante 13 años, hasta el día de la Revolución Francesa. Desde la prisión él llenó a su esposa de tiernas cartas de amor, fantasías eróticas y cartas indignadas, mezcladas con maldiciones e insultos, donde acusaba a su esposa de olvidarlo y serle infiel. Una de las pocas veces que se vieron, enfermo de celos, la acusó de vestirse como una puta. Como muchas mujeres que aman demasiado, Renée había demorado demasiado en darse cuenta de que todo su amor incondicional no alcanzaría jamás para redimir a su marido y alejarlo de sus obsesiones.
Un poco por estos motivos y otro poco porque ya no tenía nada de dinero, Renée se fue a vivir a un convento como no religiosa. El fue transferido a la Bastilla, donde pudo escribir obras que su esposa criticaba con perspicacia, anunciando que le producían espanto.
En 1790, cuando –por presión de Robespierre– fueron liberados todos los presos, lo primero que hizo este hombre obeso, de 50 años y rala cabellera gris, fue buscar a su esposa en el convento de Sainte Aure. Pero ella, horrorizada por el tenor de los últimos libros y tratando de no caer otra vez en la trampa de sus brazos, se rehusó a verlo. Lo extirpó de su vida como quien se quita una pierna gangrenada. No tuvo la fuerza de decirle las cosas de frente y puso abogados en el medio. Se decidió un divorcio y se estipuló que él le devolvería la dote en cuotas. Indignado, él se rehusó a pagar un peso, pero tuvo un último gesto gentil al pedirle a su abogado que le mandara a Renée varios barriles del excelente aceite de oliva de La Coste, el sabor de tiempos más felices.
Encontrándose sin refugio sentimental -.su bella cuñada Anne Prospere había muerto de viruela a los 29 años–, Sade halló consuelo en una actriz 20 años menor y dedicó sus años maduros a publicar sus obras. Fue otro mal paso: en 1801 Napoleón, horrorizado por el éxito en ventas de tan escandalosas novelas, ordenó que el marqués fuera encerrado en el Asilo de Locos de Chareton con el cargo de “demencia libertina”. Chareton había sido un convento y tenía fama de ser una institución modelo. Había sido creada por François Simonet de Coulmier, un ex sacerdote que se ufanaba de curar a los enfermos mentales con sistemas psicológicos tan modernos como inmersiones sedantes en agua helada, sangrías, purgas y chalecos de fuerza.
La familia del marqués tuvo que pagar 3000 libras al año para que Donatien tuviera el privilegio de tener su celda decorada con objetos preciados y una biblioteca propia de 250 libros. Pero él no dejaba de escribir. Su esposa Renée murió en 1810, recluida del mundo en el convento, sin volver a ver jamás a Donatien. El marqués murió en 1814, a los 64 años, dentro de Chareton, donde solía pagar los servicios sexuales de una lavandera y prostituta de la prisión (encarnada en el film por una virginal Kate Winslet). Allí mostraba sus obras al perturbado monje Abbe de Coulmier (Joaquin Phoenix, ex Gladiador) y se empeñaba en demostrarle al enviado de Napoleón, el Dr. Royer-Collard (un perverso Michael Caine) que nadie podría enderezar su retorcida pluma, porque él mismo afirmaba que “la humanidad no está capacitada para decidir qué está bien y qué está mal.”
La escritura fue su único refugio hasta último momento. Esto es lo que revela el film mostrando un Marqués de Sade –encarnado por el actor Geoffrey Rush– brillante, perverso, transparente en su descarnada honestidad, pidiendo plumas de ganso para poder seguir su obra. La actriz australiana Jane Menelaus (esposa de Rush en la vida real) personifica a una Renée Pelagie que sólo quiere que su marido se regenere para poder reinsertarse en la sociedad parisina.
Sade sufrió la censura más larga de la historia: sus libros fueron sacados de circulación y prohibidos en Francia hasta el año 1960, en que se reeditaron con ediciones sumamente recortadas. Hasta el día de hoy, la literatura más revulsiva de la historia no tiene cabida en librerías ni bibliotecas y las reediciones son raras. Todo lo que se hable en torno de un hombre que les escapó a todas las convenciones sociales sigue siendo tan polémico como en la época de Luis XVI. Algunos lo trataron de ser brillante y revolucionario. Simone de Beauvoir dijo que era un hombre impotente que llegó a cualquier extremo con tal de obtener una dificultosa erección. El mismo en sus escritos contaba que sus orgasmos eran dolorosos y casi epilépticos.
La obra teatral que dio origen al film fue satírica y ácidamente divertida. La versión de Kaufman es más oscura y opresiva, como suele suceder con las obras teatrales llevadas al celuloide. Pero tal vez logre lo que se propuso el autor: demostrar que lo que queda es arte, “esa jaula tan segura y adecuada para encerrar a la bestia que llevamos dentro”.
Más allá de los logros del film, prueba otra vez lo que Sade quiso probar: al arte no se lo puede callar.

Motivos por los cuales los hombres adoran el sexo oral





Cuatro motivos porque a los hombres les vuelve locos el sexo oral


Los hombres sienten tal debilidad por el sexo oral, que son capaces de poner en riesgo su carrera, exponiéndose ante la prensa internacional como cliente de una prostituta de baja estofa que les practique sexo oral en la vía publica, como sucedió con el actor británico Hugh Grant. Tan increíble resultó el incidente, que Hugh Grant siguió haciendo el papel de galán romántico aristocrático, como si aquello jamás hubiera sucedido, pese a que quedó fichado por la Policía de Los Ángeles por tal motivo.
¿Qué tienen de irresistible esa práctica?


1) El placer físico:
En primer lugar, el innegable placer físico del roce húmedo y rítmico, difícil de explicar porque si eso fuera el quid del placer, bailar bajo la lluvia debería ser orgásmico y en verdad es bastante incómodo y hasta riesgoso.

2) El placer psicológico:
Además de sentir un placer físico, él siente el placer psicológico de tener una mujer haciendo lo que socialmente se espera que hagan todas las mujeres: que bajen la cabeza y se olviden de sí mismas con tal de darle placer al otro. En ese acto, ella está íntegramente dedicada a su función ancestral de mujer, que la de satisfacerlo sin pedir nada a cambio, del mismo modo como lo trató su mami en los mejores años de su vida, los de su más tierna infancia.

3) El placer de la pasividad:
A esto se le suma el placer de que mientras el recibe sexo oral, no se espera de él que haga ninguna otra cosa más que gozar pasivamente, Y eso de “no tiene que hacer nada más que relajarte y gozar” es una excelente noticia para cualquier hombre preocupado por su performance.


4) El placer del silencio:
Y como si esto fuera poco, la mujer que lo hace, no habla. Y eso, para todo hombre poco afecto a escuchar que ella diga “hablemos de lo nuestro”, es un plus enorme.

Como vemos, entonces, para el hombre el sexo oral es un placer cuadruplicado en lo físico, emocional y psíquico.
La mujer, en cambio, no disfruta tanto como los hombres del sexo oral, porque vive pendiente de cómo está el otro- si está a gusto, si se come un pelo, si le molesta nuestra rodilla- y tanta preocupación por los demás le que quita capacidad de entregarse al placer. O sea que el hecho de tanto comer el pan quemado, la fruta marchita, la galleta rota y la carcaza de pollo, acaba quitándole a la mujer el placer en la cama.
Para pasarla bien en la cama, la mujer tiene que hacer lo contrario: tiene que permitirse buscar el placer activamente, ser muy clara y explicarle a él con ternura y paciencia qué debe hacer para que ella no prefiera ir a regar las plantas o jugar al solitario en la laptop. Hay mujeres que dicen “para qué, no tiene caso, si no entiende nada…”.
Quien dice esto no comprendió que en la cama hay que ser generosa.
Es que hay que hacerlo a la manera de la Madre Teresa de Calcuta: de manera solidaria, pensando que todo lo que convierte a un hombre en buen amante es lo que le han enseñado otras mujeres. Y si tú no disfrutas nada con él, al menos, tal vez gracias a lo que le enseñes, en un futuro a alguna pueda servirle de provecho.

Un hombre que limpia, calienta


Una empresa estadounidense estudió los avatares de las parejas modernas y reveló que compartir las tareas hogareñas se encuentra en la cima de los factores que otorgan felicidad al matrimonio.
El estudio fue realizado por el Centro de Estudios Pew (www.pewtrusts.com) y afirma que los estadounidenses habitualmente asocian con un matrimonio feliz se los llevan la fidelidad conyugal, una relación sexual saludable y compartir las tareas del hogar e ingresos y hogar adecuados.
Así, gestos como el improvisar una rica cena, planchar las camisas del día siguiente o darle una vueltita al perro suelen ser agradecidas por demás y ayudan a levantar los ánimos de la convivencia.
Ni bombones,ni champagne, ni cenas costosas: poner en marcha el lavarropas y colgar el contenido centrifugado, levantar la mesa y lavar los platos, bañar y vestir a los niños y pasarle un trapo a los pisos son hoy en día los gestos más eroticos que un hombre puede realizar para complacer a su mujer y convertirse en un “latin lover” de leyenda. Realizar los trabajos domésticos adelantándose a lo que ella pueda hacer , no quedan dudas , enamora.

Cómo saber si ella está muerta de amor contigo


¿ Está ella muerta de amor contigo?
Una mujer que quedó flechada por un hombre , vive en perpetuo estado de "simbiosis telefónica". Ya no el hombre en cuestión , sino el teléfono, pasa a ser el centro y núcleo de su vida , en torno al cual gira el Sistema Solar y el Universo entero.
No quiero imaginar qué terrible debe ser el día después de la primer salida de la mujer que no tiene teléfono. No puedo imaginar cómo se las arreglan para reencontrarse , o para medir la carga de interés que uno sembró en el otro. ¿ Temblarán de emoción al escuchar la bicicleta del cartero? ¿ Pegarán la oreja al suelo, como los indios comanches, para saber si él se acerca?
Para quien tiene teléfono, la cosa es terrorífica.
Una vez que una mujer le dio su teléfono al hombre que le gusta, vive en perpetuo estado de parálisis. No se baña, no entra al baño, no tiende la ropa lavada, no sale a comprar ni leche ni jabón, por miedo a perderse esa llamada que le cambiará la vida. Y así se queda, sucia, famélica , ojerosa, estreñida , con la ropa juntando moho , y mirando fijo un aparato que no suena jamás. Porque un teléfono observado nunca suena .
¿Pero como puede saber el hombre que la llama si ella está realmente interesada en él?
Porque , cuando se decida a llamarla, tendrá un diálogo como el que sigue :
El : - ¿Hola? ¿Verónica?
Ella:- ( Emocionada hasta las lágrimas) !HOLAAA! .Ejem....¿Quién habla?
El: -Soy yo, Juan.
Ella:-(Con taquicardia, pero haciéndose la indiferente) ¿ Qué Juan?
El: -Juan Pérez .Nos conocimos en la fiesta de Elisa...
Ella: (El corazón le salta en el pecho al recordar los ojos color miel de él clavados en los de ella, y su labio superior ligeramente curvado a la izquierda sonriéndole con ese hoyuelo en su mejilla derecha ) No recuerdo…¿ Quién eres?
El: Estuvimos conversando en el jardín …Soy el arquitecto , ¿ recuerdas? Hablamos de decoración…
Ella :(Deseando besarle los hoyuelos) A ver …Creo que sí te recuerdo…Si creo que ya se quién eres …
El:-¿Cómo estás?
Ella: (Quisiera decirle “ Tocando el cielo con las manos por oír tu voz”)- Bien, ¿y tu?
El:- Con ganas de volver a verte...
Ella: ( No puede creer lo que está oyendo) -¿No me digas?
El:-Sí…¿esperabas que te llame?
Ella: -Ejemmmm....No. La verdad, estuve tan ocupada...
El:-¿Qué te parece si nos vemos ?
Ella: ( Dándose tiempo para pellizcarse y reaccionar) - Mira, tengo una semana terrible...
El:-¿Qué te parece mañana a la tarde?
Ella: -¿A la tarde? ¿A qué hora?
El:- A eso de las cinco.
Ella:-(Piensa que antes de verlo tiene que ir a la peluquería ) No puedo, tengo un compromiso urgente...
El:-Entonces no puedes.
Ella:-(Desesperada)¡Pero puedo cambiar el horario!
El:-No, no hagas eso. Mejor olvídalo.
Ella:- ¿ No puede ser otro día?.( Ella piensa que si se ven en tres días, ella tendrá tiempo para hacer la dieta del pomelo, si se ven en cinco podrá hacer la dieta del huevo duro y si se ven en una semana puede llegar a ponerse los pantalones nuevos gracias ala dieta de la luna) .
El:-No ahora que me acuerdo yo tampoco puedo mañana…¿Y el sábado a la noche , qué te parece?
Ella:-(Calcula que no tendrá tiempo de adelgazar tres kilos) Tengo otro compromiso…
El:- ¿ Es tan importante?
Ella : (Miente ) Es el casamiento de una amiga …
El : - No , entonces no...
Ella: -(Arrepentida)¡Pero es la tercera vez que se casa! Puedo faltar . ¡En verdad , ya me aburre verla vestida de blanco!...
El: - No, cómo vas a hacer eso...
Ella:-(Desesperada ) ¡No importa, no voy!
El: - Pero ahora que recuerdo , yo tampoco puedo.
Ella: - (Casi desmayada, rogando) ¿Cuándo podrías?
El: -No sé...Quizás el domingo a mediodía ..
Ella: -(Recordando que el domingo no podrá comprase zapatos nuevos para estrenar con él ) ¡No, no podré yo!….¿ No nos podremos encontrar el lunes a la tarde?
El : Mejor el martes a la tarde
Ella : ( Recordando que el martes quedó en llevara a su abuela al dentista, a la tarde debe cuidar a los hijos de su hermana que deberá operarse de una histerectomía total, que a la noche luego de rendir un examen en la universidad debe atender hermana convaleciente, y que el miércoles tempranísimo tiene una importante entrevista de trabajo)
¡ Perfecto! ¡Estaré libre, sin nada que hacer! ¬
Esa mujer está muerta de amor. Y lo demostrará a través de su conexión simbiótica con el teléfono, sea celular o de cable. Día a día le hablará a él de si me has llamado, no me has llamado, te he llamado, porque no me llamas, conjugando todos los tiempos verbales del verbo “ llamar” ( o telefonear).
Qué razón tenía Carmen Maura en "Mujeres al borde de un ataque de nervios" en arrojar el teléfono por el balcón . Cuántas haríamos lo mismo. Y no podemos, porque el teléfono es nuestro termómetro amoroso, el aparato que bombea nuestra esperanza, sus pulsos son los de nuestra corazón , su cable es nuestro cable a tierra , su timbre es música para nuestros oídos, su batería es nuestra bomba de tiempo.
Las mujeres enamoradas somos teléfono-dependientes. No encontrar mensajes en nuestro contestador telefónico es como morir un poco. Escuchar su voz en un mensaje grabado es música celestial.
El día en que el amor se termina, es el día en que luego de entrar a casa, vamos al baño, nos servimos un vaso de gaseosa, miramos un poco de televisión, ponemos música, tendemos la ropa mojada y compramos leche y jabón... todo eso antes de escuchar los mensajes en el contestador.
Alexander Graham Bell hubiera beneficiado más a la humanidad si en vez de inventar el teléfono hubiera inventado el tubo de dentífrico que no se puede apretar por el medio, la tapa de inodoro fija, y las toallas magnéticas que se cuelgas solas a la pared.
Con lo cual habría preservado la salud mental de las mujeres y evitado millones de divorcios.

Falocracia preincaica y actual




El sexo de los incas


El sexo siempre inquietó a la gente e interesó a los artistas. En todas las épocas existió el arte sexual, erótico y hasta pornográfico. Son famosos los bajorrelieves hindúes que representan escenas de alto voltaje erótico, los frescos pompeyanos que muestran fiestas bacanales, las acuarelas chinas de emperadores retozandos con sus favoritas y los poemas eróticos egipcios donde el faraón alaba las tetas de su hermana. Pero entre todas estas demostraciones de arte erótico, el elemento más repetido- siempre en piedra o cerámica, de manera tridimensional y estado erecto- es el falo masculino.
Este aparece constantemente en las regiones del imperio incaico. Bolivia y Perú estuvieron poblados desde el año 20.000 antes de Cristo, pero las únicas cerámicas que se conservan bien datan de alrededor del año 1 d.C.(en el apogeo de la cultura nazca), y doscientos años después, cuando sobresalió el arte moche. Consideradas muestras de arte vergonzante, durante siglos los museos peruanos escondieron estas piezas inquietantes de la vista del público. Recién en 1959 el Museo de Arte de Lima, Perú, se animó a sacar a la luz las piezas de cerámica de temática sexual. Cuando las exhibieron en sus salas, muchos historiadores peruanos pusieron el grito en el cielo diciendo que se desprestigiaba la cultura moche evidenciando que era un pueblo de "costumbres depravadas". Pero en verdad, lo que se ve en estas vasijas es la importancia que estas culturas les daban al sexo- como un acto intenso digno de ser representado con el máximo realismo- y al falo masculino, como un elemento de adoración.
En la cerámica erótica inca, las mujeres siempre aparecen retratadas totalmente desnudas, mientras que los hombres aparecen bien cubiertos. No se percibe gran diferencia con nuestra cultura actual, en las que las mujeres aparecen desnudas en películas y tapas de revistas, y los hombres, siempre vestidos. Los falos de los varones nunca se ven en estas cerámicas, sino que parecen cuidadosamente ocultos tras ponchos, manos y canastos estratégicamente ubicados. Los miembros viriles aparecen a montones, pero siempre sueltos, no pegados al cuerpo, de manera tal de que no haya referencias que permitan conocer su verdadero tamaño en relación al cuerpo de su dueño. Curiosamente, en todo Perú se hallaron picarescos jarritos con forma de pene llamados "paccha" que obligaban a beber su contenido metiéndose el pene en la boca, lo que demuestra qué deleite obtenían con las felaciones. El sexo oral siempre se practicaba de mujer a hombre, y casi no se ven ejemplos inversos. Otra evidencia de la importancia del falo en la cultura inca es que en quichua a los genitales femeninos se les decía "ruca" y al pene,"rucana", que además significa "dedo". Pero un pene grande se denominaba "rucanacutu": es decir, "montones de dedos": algo digno de admiración.
En el libro "Comportamiento Sexual en el Antiguo Perú" (Federico Kauffmann Doig, Kompaktos Editores, Lima) se cuenta que un 22% de las piezas arqueológicas que estudió el Dr Gebhard muestran escenas de acariciamiento genital, donde la mayoría de las veces es la mujer quien estimula al hombre. En culturas como las de Salinar, Virú, Nazca y Chimú aparecen cerámicas que muestran parejas en posiciones sexuales de lo más osadas – el de rodillas de frente a ella, ella con sus rodillas rodeando el cuello de él, por ejemplo – aunque en el Kama Sutra del Tihuantisuyo la posición preferida era de costado, dado que el sexo anal era de práctica común como método anticonceptivo. El Museo Larco Herrera de Perú tiene piezas que muestran que los incas no tenían reparos en hacer el amor al lado de sus hijos dormidos, mientras la mujer amamantaba al bebé, o en la misma cama con los padres de la novia, que fingían dormir. En el Museo Alberto Fehling de Lima hay cerámicas que muestran a una mujer sosteniendo algo de forma fálica, de tamaño desmesurado, que ciertos historiadores consideraron un “aparato para enemas” y otros afirman que es un consolador de antaño, y otros más creen que es un talismán en la forma de un pene erecto.
Estas piezas tienen un valor incalculable. Quedan muy pocas, dado que cuando fueron descubiertas en el siglo XV, por los colonizadores españoles las destrozaron por considerárselas heréticas. Pero si de las pocas que quedaron, la mayoría son penes, es de imaginar la inmensa cantidad de penes de terracota que habría en pleno apogeo del imperio inca. La muestras de cerámica inca del Museo Larco demuestra que si Colón se hubiera llevado esas cerámicas a España,- en vez de llevar tonterías como papas, loros y tomates- tal vez toda nuestra cultura hubiera sido más libre y divertida que la pacatería a las que nos sometieron durante tanto tiempo. Pero qué se podía esperar de un loco como Colón que llena un barco de convictos para viajar a las Indias en dirección equivocada.




Arquitectura fálica

Durante 5000 años, el mundo se fue poblando de falos gigantes clavados en la tierra. En la isla griega de Delos, en el Mar Egeo, hay un santuario dedicado al dios Dionisios, llenos de muy realistas esculturas de gigantescos falos monumentales en mármol. Pero estas son obras muy modernas comparadas a las representaciones de falos en tallas de piedra hallados en Irlanda, Inglaterra, España, Chile, Francia, Turquía y hasta en nuestra provincia de Tucumán. En todo el planeta abundan las grandes piedras clavadas en la tierra, que simbolizan fertilidad y hegemonía masculina, aunque algunos esotéricos insistan en hablar de una “acupuntura planetaria” en “centros energéticos terrestres”. Algunas de las civilizaciones que podían explicar el porqué de esta costumbre han perecido sin dejar testimonios escritos. No así los incas, que hasta hoy a estos falos de un metro de largo, les llaman "uyos", que en quichua también significa "pene". La explicación arqueológica más aceptada del por qué de tantos menhires, es que estas piedras se clavaban para que fertilizaran a la Madre Tierra.
Todo Europa se llenó desde tiempos remotos de columnas erigidas en los cruces de caminos con una estatua del dios Hermes con un falo erecto. Estos pilares luego llamados hermas garantizaban la fertilidad y virilidad, como amuleto, y era lo primero que destruían los invasores: el falo en erección. ( Herodoto, La historia, II, 51).
Los obeliscos, que se encuentran en todo el mundo, también indican la constante preocupación por el miembro erecto. En Babilonia se erigían en honor al temible dios Baal o Nimrud, y de ahí llegaron a Egipto como símbolo de virilidad y fertilidad. Se les llamaban “pene de Osiris”-el macho cabrío- y se erigían en honor a Ra, el dios sol, que fertiliza a la tierra como el hombre a la mujer. Considerando su procaz significado, su uso fue prohibido por la Biblia. La palabra “obelisco” de las viejas Biblias fue reemplazada en ediciones sucesivas como "matzebah", que significa "imágenes altas" (obeliscos) o “"hammanim" ("imágenes del sol") para acabar siendo simplemente “imágenes” en la Biblia modernas. La Biblia de Scofield menciona que los paganos construyeron “una imagen del celo” – otro obelisco- “en la entrada del templo"
Pese a tanto resquemor bíblico contra los obeliscos, los papas se las ingeniaron para poner uno- que había sido traído por Calígula desde Egipto- en la Plaza de San Pedro, lugar de privilegio del Vaticano. Por su parte, los masones se las ingeniaron para que haya uno en el Central Park de Nueva York y otro en el Capitolio en Washington. El de Buenos Aires fue edificado en 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación- representando la potencia progresista del viril país, no sin un escándalo en la época, Tantos falos de cerámica inca en los museos peruanos y tantos menhires, cromlechs y obeliscos en los sitios más diversos del planeta no responden a otra intención que propiciar a las fuerzas naturales o a los dioses para conservar la potencia sexual, siempre tan efímera.

Eternos insatisfechos

“Pocas consultas, ya sea con el médico o el farmacéutico, son vividas con sentimiento de humillación y fracaso” afirma el Dr. Adrián Sapetti,- psiquiatra y sexólogo - “ La cuestión es que. de un fallo ocasional, magnificándolo, todo se convierte en un drama. El paradigma de varón potente aquel que, además de poseer un miembro enorme, es capaz de mantenerlo rígido muchas horas y llegar a tantos orgasmos como su pareja o su deseo lo demanden.”
Hindúes griegos, incas y galos contruyeron falos monumentales para endiosar la virilidad. Pero luego de construídos estos monumentos, sobreviene la odiosa comparación: “no lo tengo de veinte metros de largo, ni siempre mirando al cielo” . Y esto amarga a cualquier varón .
Luego de haberse erigido el obelisco de Buenos Aires, la obra causó tan escándalo que se propuso demolerla. Hasta que en 1939, luego de una votación de concejales, hubo mayoría de votos para que el obelisco siguiera allí .asta el día de hoy el Obelisco evoca un doble sentido. Cuando la revista Radar pidió a sus lectores que respondieran la pregunta de por qué festejamos en el Obelisco, un tercio de las respuestas fueron de índole sexual.
Siempre que en alguna parte del mundo se erige otro falo gigante, saltan reacciones indignadas. El famoso y archipremiado arquitecto carioca Paulo Hamilton Casé era un aclamado autor de la mayor cantidad de edificios de Rio de Janeiro, hasta que en 1996 tuvo la osadía de erigir una estructura de 22 metros en plena avenida Visconde de Pirajá, en Ipanema. Ninguna de sus obras sufrió tanta polémica y críticas. La obra pasó a ser llamada el “obelisco de la discordia” en los medios, hasta hoy se la conoce como “El falo de Ipanema" y Casé cayó en desgracia minetras dtosos e rién de su megalomanía fálica.
En Barcelona, en 2005, se erigió el pene más grande de Europa. La torre del arquitecto francés Jean Nouvel, es un edificio de perfectas proporciones peneanas de 142 metros, el tercero más alto de la ciudad. Tan shockeante es verla, que hasta hoy hay encendidas polémicas en torno a su forma, en la prensa y en blogs. A la controvertida Torre Agbar, nadie la conoce como tal, sino como el Megapene, el Superconsolador o, más familiarmente, El Pollón.
Todos estos penes gigantes de piedra son la representación de lo inalcanzable, del deseo eterno, de la satisfacción total. Y no está mal estar tan insatisfechos. Después de todo, dice Freud que la insatisfacción del deseo es el motor de la cultura.
Estas obras de arte nos demuestran que desde hace siglos los hombres se vienen dando corte con sus atributos .Les rinden tributos y los representan con su tamaño multiplicado por diez mil, seguros de que ese gajito de carne los hace dueños del universo. Pobrecitos: tantos siglos de campaña publicitaria, y sólo ellos se la creen.

Delete- ( un cuento apasionado)


Sofía recordaba perfectamente el momento en que tuvo la brillante idea.
Fue una noche de sábado, de esas en que una mira el reloj en la pared, que corre implacable mostrándole que al cumpleaños de Adriana ya no llegaba. Se trataba de una reunión temprana en un bar. Un café entre mujeres, contarse intimidades a toda velocidad, y salir corriendo cada una hacia el programa de sábado a la noche que prometa más sexo o menos depresión. Pero no sintió ganas de ir. De todos modos, la semana entrante todas se encontrarían nuevamente para contarse, entre divertidas y frustradas, que no había nada para contar acerca de la noche del sábado anterior. Era tarde para eso, pero aún era temprano para ir a la fiesta de su amigo Joaquín. Ya conocía demasiado esas reuniones, todas iguales. Demasiada cerveza y música a todo volumen en la linda terraza de su flamante piso, lleno de amigos de la moderna novia de Joaquín, todos esforzándose en parecer lo más raro posibles, comiendo pizza fría y comentando – una vez más- la maravillosa ambientación de la casa de Joaquín con muebles de aluminio y máscaras africanas. Joaquín era encantador, pero los amigos de su novia eran casi autistas. Sofía terminaba en la cocina haciendo café para todos, de puro aburrida. Mejor no.
Ya era tarde también para ir al vernissage de la muestra de Marisa. Marisa, su amiga fotógrafa y pintora, conocía gente interesante. Pero donde había vino, Marisa tomaba de más y se ponía pesada. No, mejor no iría. Si iba, no la dejaría irse cuando Sofía quería. Encima, Marisa se enamoraría perdidamente de quien le sirviera más vino, generalmente otro borracho como ella, que creía estar enamorándose de Marisa porque como veía doble, le veía cuatro tetas en vez de dos. Lo que Sofía más odiaba de esas historias era que el domingo posterior a sus inauguraciones Marisa la llamaba llorando porque el borracho le había vomitado el cubrecamas fucsia de seda de la India, indetico al de Sofía, porque los habían comprado juntas. Y ella lloraba porque el tipo se lo habia vomitado y encima se había ido sin haberle hecho el amor. Y lloraba más aún porque no tenía el teléfono del tipo para poder mandarlo al diablo.
Lo único que podía hacer a esta hora era ir a ver la obra de teatro de ese actor que la había invitado rogándole que ella le hiciera una reseña en la revista donde trabajaba. Pero ella sabía que el interés de ese actor excedía el pedido puntual de que ella le elogiara la obra. La había llamado tres veces en la semana. Ir a ver la obra sería demostrar que estaba tan interesada en él como él en ella. ¿Para qué alimentarle falsas expectativas? Después le costaría horrores sacárselo de encima a ese pedante, inventarle pretextos para no volverlo a ver. ¿Sería posible ir a ver la obra de incógnito? ¿Disfrazada, con un sombrero raro y anteojos oscuros, como los de las fiestas de Joaquín? No… llamaría la atención enseguida y él la distinguiría entre el publico al instante y no la dejaría en paz durante semanas.
Las agujas del reloj corrían y ella aún no se había secado el pelo después de la ducha.
Miró sus pantalones de raso azul sobre la cama. Y la remera escotada de seda, junto a las medias largas negras y las botas de tacón alto y hebilla plateada.
“Si me los pongo, salgo. Si no, no”decidió, como quien tira una moneda a cara o seca.
Ya estaba cansada de tanto pensar. Mentalmente, le salió cara. Guardó esa ropa otra vez en su lugar en el placard, y se puso su uniforme de entrecasa preferido. Un pantalón viejo de algodón gris y un suéter raído antediluviano. Abrió una botella de vino tinto. Puso “Hopes and Fears” del grupo inglés Keane, un compacto donde con voz dulce y sufrida se llama al amor sobre una orquesta de pianos y guitarras.
Sólo le faltaba una cosa: un cigarrillo.
Sintió desesperación por fumar un cigarrillo. Pero ya era la una de la mañana y le dio miedo de salir a la calle vacía y oscura a buscar donde comprar cigarrillos. Una mujer sola, recién bañada, con el pelo mojado y sin corpiño, buscando cigarrillos, era la patética imagen del tabaquismo feroz. Y ella podía vivir sin fumar. O tal vez no. Ella era de esa clase de fumadoras sociales que encienden un cigarrillo en ocasiones de relax y charla. Jamás fumaba sola. Pero este encuentro íntimo consigo misma era casi un acontecimiento social. Y ella sin tabaco.
Revolvió todos los cajones buscando un cigarrillo como un ladrón buscando joyas. Finalmente recordó que conservaba un cigarro cubano que le había robado a Alberto la noche de la pelea, cuando él se fue dando un portazo. Lo había guardado para recordar el olor a él. Sólo oler ese habano la hacía desearlo intensamente, pese a que hacía años que no sabía nada de él. “¿Los habanos se vencen?”, pensó. Ella recordaba que el buen tabaco se conserva en humidificadores, para que no se sequen. Pero entre el fenómeno del Niño, la humedad de la ciudad, la humedad de su casa y las lágrimas derramadas por la partida de Alberto, el añejo cigarro estaría como nuevo.
Lo encendió como recordaba que Alberto lo encendía, aspirando con fuerza, de a poco. No era ni la mitad de malo que había supuesto. Compensaba con creces la falta de cigarrillo rubio con filtro.
“Debería empezar a fumar habanos para tener estilo en las fiestas de Joaquín”, pensó “ Lástima que son tan caros” . Aunque a ella no le importaba dar una imagen exótica para esos nerds, sabía que fumando un habano de estos causaría impresión.
Se extendió en su futón cubierto con el acolchado fucsia de la India, y acarició la suavidad de la seda con sus pies descalzos. “Por lo menos a éste no me lo vomita nadie”, pensó. “Pensar que en este mismo momento hay miles de mujeres solas desesperadas porque no tienen adónde ir, o con quien salir, Y yo me siento en la gloria aquí, con mi vino, mi habano y buena música.”, pensó ella. Había llegado a esa etapa de la vida en la que una puede ser feliz estando sola, en la que no le acompleja no tener compañía, en la que no necesitas a nadie para no desesperar. Al sonar de “Bedshaped” – forma de cama - , las volutas del humo se enroscaban sobre sí mismas sensualmente con formas casi humanas. Qué música tan adecuada para hacer el amor, para enroscarse sobre un hombre. No, no sobre cualquier hombre. Sobre Alberto.
Sofía no entendía ni la mitad de la letra. Le parecía críptica hasta para un inglés. Lo que sí entendía era “ the sun in your eyes”. El sol en tus ojos. Qué bueno es tener a quién decirle eso de “el sol en tus ojos”. Bendito quien tiene a quién decírselo. Ella había tenido. El aroma del tabaco cubano le traía todo el pasado de golpe, como la descarga de un camión repleto de escombros, sobre su cabeza. Todos los momentos con Alberto se le caían encima, un cascotazo aquí, un ladrillazo allá, y ella trataba de adivinar- como cuando al ver los escombros de una casa demolida una adivina si eso sería parte de la cocina o del baño-, si esa sensación era parte de la atracción irresistible del primer momento. O de las risas del primer mes. O de cuando bailaban desnudos, fundiéndose uno en el otro como el humo del habano. Las maratones de amor, las travesuras, los proyectos, los súbitos cambios de plan. El sol en los ojos de Alberto. Eran de color sol, casi amarillos. La envolvían, como queriendo adivinar sus pensamientos. Los ojos de Alberto la hacían sentir hermosa, le hacían creer que era el centro del mundo. Le daban calor. Como el habano. No quería acabar el habano. Cuando se terminara, se iría el aroma a Alberto.
Qué pérdida de tiempo es vivir la vida lejos de un amor así.
Ella tenía que hacer algo. Con urgencia.
Y fue entonces, a las dos en punto de la mañana, cuando encendió la computadora y se puso a escribir algo distinto a todos lo que había escrito antes.
Ya hacía quince años que era periodista free lance de varios medios. Hacía notas de arquitectura, de cine, de modas, de cocina, de teatro. Todas eran reflejos de la realidad externa, nada comprometidas, objetivas, plasmando la realidad tal como es. Alberto le había dicho una vez que le parecían notas técnicamente perfectas, pero frías, Por eso él no las leía. Solo miraba la foto de la ilustración y pasaba las hojas. Ella lo entendía: leer no era lo suyo. El era comerciante, poco sabía de periodismo.
Pero tal vez si ella lograba escribir otra cosa, él se interesaría, se sorprendería y volvería a llamarla. Pero tenía que escribir algo impactante, algo que le llegara y lo trajera hacia ella.
“Tengo que escribir nuestra historia de amor”, se dijo. Un poco mareada por el vino, comenzó a teclear, como poseída. Supo que es bueno escribir con vino en las venas. Uno no se censura, y larga todo afuera, tan visceralmente como sale la honestidad femenina en plena menstruación, que es el momento de la verdad. El vino, rojo sangre, la ponía en contacto con lo carnal. Lo que en verdad ella quería era hacer el amor con Alberto. Pero al no tenerlo, comenzó a escribir: “Una jamás imagina que en el momento más rutinario de su vida pueda cruzarse con la mayor pasión de su vida. Pero, justamente, como no lo imagina, es que está desprevenida. Y la pasión se adueña de su alma para siempre”. Le pareció muy cursi. Pero bueno, la vida es cursi. Y siguió, y siguió y siguió escribiendo hasta que los pájaros cantaron escandalosamente en la calle y el sol entró por las rendijas de la persiana, y se le empezaron a mezclar las letras en la pantalla. Se acostó vestida en el futón, hecha un ovillo.
A mediodía despertó y siguió todo el domingo, el lunes y el martes. Hasta el sábado siguiente, lo contó todo. Los arrebatos de celos, los tira y afloja, la sensación de que ninguno de los dos podría seguir trabajando nunca más, porque no podían hacer otra cosa que estar pegados cuerpo a cuerpo, porque no podían pensar más que en el otro. El miedo terrible a dejar de desearse con la misma intensidad, de amarse con tanta desesperación. Los poemas que se escribieron, el llanto a dúo, la sensación de que un amor así no es real, nadie lo tiene, de que no se lo merecían, de que no podía durar. Y finalmente la conclusión de que por tanto miedo a que esa pasión se acabe, que se convierta en un cariño tibio o en un acostumbramiento, uno hace lo posible por acabarla. Cayeron víctimas de su propio miedo, que se convirtió en una profecía autocumplida, y terminó con el portazo final. Con el cual ella estaba segura de que si alguna vez volvía a ver a Alberto, él le diría, casi satisfecho
“ ¿Viste? ¡Ya te dije que un amor así no podría durar!”.
Ella había intentado recrear la intensidad de ese amor en otros hombres. Buscaba en otros pobres diablos la risa, los pómulos, las manos y los ojos amarillos de Alberto. Pero después de Alberto, todos parecían desabridos, chatos, secos.
Decidió buscar al original. Fue en vano: él se había mudado, ella no sabía adónde.
Los amigos le habían perdido el rastro y el dijeron que creían que, harto de la ciudad, él se había ido a vivir al interior. Los buscó en guías telefónicas y en Internet, para nada.
El muy tonto tal vez ni tenía correo electrónico.

Una Navidad, al volver de una reunión familiar, ella escuchó un mensaje de Alberto en el contestador.
Se le aflojaron las rodillas al oír esa voz diciendo: “Estoy pensando en vos , y espero que estés bien”. No dejaba ningún teléfono. De eso ya hacía un año y medio.
Ella se resignó. A Alberto aún lo tenía en sueños de los que no quería despertar.
A veces pasaba semanas sin recordarlo. Pero cuando lo recordaba otra vez, era con la contundencia de demasiadas sensaciones que se le venían encima como escapando de un cofre mal cerrado.
Tal vez escribiendo toda su historia de amor podría exorcizar ese romance truncado, para quitárselo de encima como una vieja piel de lagarto y empezar de cero, como si nunca lo hubiera conocido.
Tal vez esa novela fuera su botella de náufraga al mar, y él la recogiera.
En una semana le hizo los retoques finales. Llevó la novela a tres editores, y la envió a un premio de novela importante. Los tres editores se mostraron interesados. Pero ganó el premio, buen dinero, mucha prensa y otra vez la sensación de que aquí había un error, esto es demasiado bueno para ser cierto, miedo a que todo acabe de golpe y le digan “ Todo fue una broma…¡ te estamos filmando!”.
“ Es una obra desgarrada, honesta, intensa y llena de pasión. Seguramente, será un éxito.” le había dicho su editor, que de esto sabía bastante. La única condición que puso ella fue que pusieran su correo electrónico en el libro. Y así se hizo.
Les llevó un mes y medio decidir el diseño de cubierta. El editor quería poner la fotografía de un rostro fuera de foco, pero ella quería un fondo negro con un corazón partido al medio, que tenga un relieve tridimensional, llamativo, que casi doliera al verlo.
Quiso titularlo “Lenguas de fuego”, por el poema de Gustavo Adolfo Bécquer: “Dos rojas lenguas de fuego/que a un mismo tronco enlazadas/se aproximan, y al besarse/forman una sola llama…. eso son nuestras dos almas.” Pero ya había otro libro con ese titulo. Entonces eligió llamarlo “Si tú me dices ven” , por la poesía de Amado Nervo : “ Si tú me dices ven ,lo dejo todo.../No volveré siquiera la mirada /para mirar a la mujer amada... /Pero dímelo fuerte, de tal modo/que tu voz como toque de llamada,/vibre hasta el más íntimo recodo del ser,/levante el alma de su lodo/y hiera el corazón como una espada.” Y ella sabía que esa novela, si llegaba a Alberto, podría herirle el corazón como una espada para que él se decidiera a volver.


El libro fue un éxito rotundo. La primera edición se vendió en semanas, y en poco tiempo salió una segunda edición. A Sofía le hicieron infinidad de reportajes, en los que no dejó de mencionar que era un texto autobiográfico hecho con la esperanza de recuperar ese viejo amor.
Cada vez que salía de gira promocional, que venía de firmar cientos de ejemplares en otros países, que salía en la tapa de una revista como “La novelista del año” o que era invitada al milésimo programa de televisión para hablar de “El erotismo femenino, hoy”, regresaba a casa ansiosa para ver si había recibido el tan ansiado llamado o correo electrónico de Alberto, acusando recibo del mensaje.
Pero nada.


Dos año y medio después del lanzamiento de la quinta edición del libro, Alberto le escribió un correo electrónico. Le contaba que se había casado, tenía una hija y estaba viviendo en Córdoba. Y le preguntaba si seguía viviendo en el mismo teléfono, porque tenía ganas de llamarla y hablar con ella. Ella se quedó horas mirando cada línea. Tratando de interpretar por qué había él elegido esa palabra y no otra, desguasando el correo frase a frase hasta que perdía todo sentido y las palabras parecían letras hiladas sin ton ni son. No quiso anotar la dirección del correo, para obligarse a abrirlo nuevamente y releerlo cuando quisiera responderle. No dejaba de leerlo, como intentando descifrar una piedra de Rosetta sin tener ninguna pista. Luego de mil relecturas, lo abandonó, frustrada por no llegar a descubrir ninguna otra cosa.
Regresó al mensaje cuatro días después. Releyéndolo nuevamente, concluyó que lo que había interpretado antes se había esfumado. No había mucho que interpretar. Eran falsas percepciones suyas. Esta vez le pareció que en vez de ser un mensaje críptico era un correo formal y frío, de salutación, sin otra intención encubierta. Con cautela, ella simplemente le respondió “El teléfono es el mismo. Espero tu llamado.” Y , por las dudas , apuntó el teléfono nuevamente.
“Tal vez se contactó porque leyó el libro, le removió las tripas y comprendió que lo de “Si tú me dices ven”,va para él .” , pensó, esperanzada.

Tres semanas después, un sábado a las once y cuarto de la mañana, Alberto la llamó. Su voz, extrañamente, era la misma de antes, pero diferente. La modulaba de otra manera, como cansado, y con el acento de su provincia.
Se intercambiaron frases de cortesía, y él le contó su vida. Toda su vida. Desde la casa que se había construido con gran esfuerzo en la sierra, de los estudios de su hija, los cursos de tejido en telar que hacía su indiferente esposa, de su úlcera y cómo la estaba curando con hierbas, de su vida tranquila, su tenis y sus amigos. Le habló de la situación política en su provincia, sobre los impuestos que hay que pagar, sobre cómo lo estafó un socio, sobre lo bien que cocina y que él mismo hace las compras en el súper. Y mientras el hablaba a borbotones sobre sus tres perros. ella sentía que estaba hablando con otra persona, que el Alberto de sus sueños se perdía en el aire como el humo del cigarro. Lejos de ella, se había convertido en otra cosa . Pensó como se las arreglaría encontrándose con este nuevo Alberto. ¿ Quedaría algo de lo que había sentido por el? ¿ O los hombres se estropean lejos de nuestra influencia?
Ella quiso aferrarse a un trocito de esperanza, y esperaba a que él dejara lo mejor para el final. Pero el seguía hablando de sí mismo y no parecía querer saber nada sobre ella. Y, así de golpe, le preguntó:

- Y hablando de supermercados...Vos escribiste un libro, ¿no? Hace un tiempo fui al supermercado, porque mi esposa me manda a mi porque sé elegir la mejor carne y los mejores vinos… y bueno, estaba en la cola más larga. Y como estaba ahí aburrido, y la cola no avanzaba, me puse a ver un exhibidor con best sellers , y vi tu nombre en la tapa de uno de ellos, no recuerdo su nombre exacto, algo como “Si me dices Rubén”, algo así, con una mancha roja en la tapa. Ni lo abrí, porque estaba apurado y no tenía mucha plata . Pero vi tu correo electrónico en la contratapa y lo anoté. ¿Te va bien con tu nuevo pasatiempo?

Ella cerró la charla con pocas palabras, le deseó suerte y se despidió. Como quien arroja una moneda al aire y cae en seca.
En cuanto dejó el teléfono, caminó a su estudio, encendió la compu buscó el correo electrónico de Alberto en “Bandeja de Entrada”. Marcó el mensaje, llevó el cursor hasta la función “Borrar”, y clickeó con el índice sobre el mouse.
El mensaje desapareció de la pantalla.
Luego abrió la carpeta de “Mensajes eliminados”. Ubicó otra vez el mensaje de Alberto, nuevamente lo marcó con el cursor y - sin mirarlo ni para despedirse, para no tentarse a memorizarlo- clickeó nuevamente en “Borrar”. Se abrió un cuadro de diálogo preguntándole “¿Realmente desea eliminar definitivamente este mensaje?”
Ella clickeó sobre la palabra “Sí” .
Alberto- o Rubén, o quien fuera - desapareció para siempre.
Y con él, todas sus esperanzas. Y todos sus miedos.

Ranking de amantes


Una encuesta europea realizada en Octubre de 2009 afirma que los alemanes son los peores amantes del mundo, seguidos por los ingleses.
La revelación proviene de una encuesta relaizada a 15.000 mujeres preguntándoles cuales son los hombres mejores en la cama .
La mayoria coindió que los alemanes son los peores por su falta de higiene.
Los ingleses salieron segundo por ser " demasiado perezozos", mientras que los suecos salieron terceros por llegar " demasiado rápido al orgasmo" .
Es una pena que los alemanes no vayan primero a la ducha, y sólo después a la cama .
Se pierden la diversión y las ventajas del sexo sobre la salud .
Treinta minutos de sexo quema 350 calorías : el equivalente a 40 minutos de jogging .
Y el cerebro también se beneficia: el sexo estimula las glandulas pituitaria y pineal, y el cerebro se llena de oxígeno.
El sexo aumenta la presión arterial y ejercita la circulación .
Y inunda el cuerpo con hormonas que previenen el infarto.
Avisenle a sus amigos alemanes....

Por qué él no llama




Increíbles motivos masculinos

Supongamos que un hombre te invitó a salir y tú aceptaste.
Te llevó a comer a un lugar cálido y sofisticado, pidió un buen menú, un buen vino, postre y café. La charla fue amena y no descayó en toda la noche. No te aburriste. Tampoco te pareció que él se aburriera. Te empezaste a sentir atraída hacia él, hasta el punto exacto de sentir intensas ganas de que te bese. Intuyes que si se quitara la salsa del bigote y no hablara con la boca llena, hasta podrías enamorarte de él. Tanto te le quedas mirándole la boca cuando habla que ya ni siquiera escuchas de qué te está hablando. Y cuando te pregunta: “¿No te parece?”, le dices a todo que sí, porque no le puedes decir “Discúlpame; no te escuché porque estaba pensando que me encantaría saber cómo besas con esos labios”.
El fue divertido y ocurrente, fue amable con el camarero, pagó y dejó buena propina, te ayudó con tu abrigo al salir, te llevó a tu casa, dijo que la pasó muy bien contigo…. y en el momento exacto en que te morirías por saber cómo besa, él te lanza la mortal estocada masculina: “Te llamaré”.
Y una se pasa el resto de su tiempo de vigilia calculando qué significa esa frase.
¿Significa que nos va a llamar mañana para confirmar que la pasó genial con una? ¿Que nos va a llamar el jueves para arreglar algo para el viernes o sábado? ¿O que nos va a llamar cuando no tenga nada mejor que hacer?
Si esto sucedió el sábado a la noche, en todo el domingo no llama. Una calcula que llamará el lunes para comentar el encuentro. Pero no llama en todo el lunes. Bueno…no querrá mostrarse como un desesperado. Esto es pura estrategia: llamará el martes, para saludar.
Pero él tampoco llama el martes.
“Bueno, no querrá asustarme”, calcula una. “Llamará el miércoles para preguntarme cómo estoy…”. Pero él tampoco llama. Bueno, nadie llama un miércoles, es justo a la mitad de la semana.
¿Llamará el jueves para saber si podemos vernos en el fin de semana? Pero tampoco llama el jueves.
Será que él no tiene tan baja la autoestima como para querer garantizar que reservemos el fin de semana para él. Es un hombre seguro de sí mismo, que sabe que dejaremos cualquier programa por volverlo a ver. Seguramente llama el viernes.
Pero el viernes no llama.
Y el sábado tampoco.
Y una ya no se baña, no tiende la ropa, no compra comida, no ocupa el teléfono, no hace las compras, se queda sin pan, azúcar, champú ni leche, mantiene el celular pegado al cargador para que no se descargue y no hace ningún plan para el fin de semana para reservarse el tiempo libre por si él llama .
Y él no llama.



Razones misteriosas

¿Por qué no llama, si la salida fue muy linda, si ambos la pasaron bien, si no se lo notó mirando incómodo el reloj para irse pronto, si pidió langostinos para quedar bien contigo, si estuvo cuatro horas conversando muy entretenido? ¿Por qué no llama, si es obvio que están hechos el uno para el otro? Tratas de recordar la última noche en que lo viste, haciendo una reconstrucción mental de los hechos con precisión detectivesca. ¿Cometiste algún error? ¿Dijiste algo que lo asustó? ¿Te quedó espinaca en los dientes? ¿Hablaste de enfermedades o - ¡peor!- de querer ser madre pronto? No, no pasó nada de eso. ¿El dio muestras de parecer fóbico, comprometido o enamorado con otra? ¿Se levantó en algún momento para hacer un posible llamado a otra? No, ni siquiera fue al baño. ¿Puede ser que sea un gay no asumido? ¿Lo aburriste espantosamente, pero lo sabe disimular?
Cuando te parece que no haya pasado nada de eso, y es la tercera vez que un tipo así te dice que llama y no llama…es porque es uno más de los extraños tics masculinos.
¿Qué les pasa a los hombres? ¿Por qué dicen que llaman si no piensan hacerlo? ¿Por qué no se comunican, sabiendo que estamos esperando que lo hagan?
Hay varios motivos por los cuales un hombre no llama.
Ninguno de ellos tiene que ver con que los dos la hayan pasado bien o no, sino con el hecho de ser varón.

El tiene más tiempo que tú

En primer lugar, los hombres deberían tener en cuenta que una mujer tiene su tiempo acotado para ponerse de novia, lo que las lleva a desesperarse si no tienen nada que hacer un sábado a la noche. Cada fin de semana sin salidas es para ella la cuenta regresiva hacia la menopausia. Porque tenemos un tiempo limitado para reproducirnos. Y eso lo sabe cada una de nuestras células.
En cambio, para un hombre, el tiempo de reproducirse es ilimitado, en tanto y en cuento tenga erecciones, que hoy en día se consiguen con una pastillita , lo que les da aun más tiempo para postergar la decisión.
Así que el apuro de un hombre por concretar algo con una chica que le gusta es algo así como un trillón de veces menos urgente que el de la chica.
Lo que pasa luego de una primera cita es que – si todo salió bien – él se queda tranquilo, mientras una se queda ansiosa esperando que él vuelva a llamar.
¿Por qué se queda tranquilo? Porque ya sabe que hay una chica que puede gustarle, sabe dónde ubicarla y en verdad no tiene ninguna urgencia por hacerlo, porque a él le basta con saber que ella existe. Mientras tanto, va probando con otras, total… ¡el mundo está lleno de mujeres encantadoras!
Así que un hombre no llama porque no ve cual es la urgencia de llamar. Y porque ni siquiera imagina que estás esperando que él llame.


El factor fiestero


El plan de un hombre no es encontrar una mujer encantadora, ponerse de novio con ella y casarse. El plan de un hombre es conocer la mayor cantidad de mujeres posibles - que no quebranten su presupuesto de salidas - hasta darse cuenta de golpe- semanas o meses más tarde - que entre todas esas, tiene ganas de volver a ver a alguna un particular. En la comedia “Noche de Reyes”, Shakespeare le hace decir al bufón Feste “Muchas salidas divertidas previenen un mal matrimonio”, lo que demuestra que por lo menos desde el año 1599 en que se escribió esa obra los hombres razonan así. Un buen día, quizás, deciden llamar a aquella a quien más recuerdan…o a quien más recuerda su amigo Quique, cuando les pregunta “¿Y que fue de esa morocha de tetas increíbles que no sé por qué dejaste pasar?”.
En esto de salir con mujeres, ellos ni siquiera tienen el sexo en la cabeza, sino que lo que quieren es no comer solos la maldita salchicha recalentada.
Hay otro ingrediente que los lleva a no llamar a una chica adorable.
Y es que en el fondo, todo macho soltero piensa “¿Por qué me voy a quedar pegado a una sola mujer., mientras que otro tipos que siguen sueltos se divierten más que yo?”. El temor al compromiso se trata de “no quedarme con una sola, así puedo conocer a otras”. No lo hacen tampoco por sentirse latin lovers, sino por – créase o no – tener más roce y volverse más hábiles en este tema de tratar mujeres. Porque en el fondo saben que es todo un arte eso de mantener conversaciones con ellas logrando no dormirse arriba de los spaghetti. Inconscientemente, ellos saben que les convienen tener experiencia en tratar mujeres para poder tratar a muchas más. Y mientras puedan lograr práctica, lo van a hacer.
A veces pasa que cuanto más le gustaste en una primer salida, menos posibilidades hay de que te vuelva a llamar, porque no quiere quedar prendado de ti. Lo que él siente es que no puede arriesgarse a que le gustes más y más y más, que quiera vivir contigo, casarse, tener hijos, jubilarse, llevarte de vacaciones de jubilados a una playa tropical…. ¡y ver allí miles de chicas en bikini que no van a poder conocer porque está arrastrando tu sombrilla! ¿Comprendes ahora por qué el pobre hombre se niega a llamarte?



Hombres bajo el microscopio

Pero hay otros motivos por el cual a un hombre te dice que te va a llamar y no llama.
Uno, es un espantoso temor al rechazo. Tienen tanto miedo de quedar como desesperados, que prefieren dejar pasar un tiempo prudencial antes de arriesgarse a llamarte y que les digas “¿Otra vez tú? ¡Pero qué pelmazo!”.
(¡Si pudieras ser madre a los 80, como ellos, tampoco llamarías enseguida!)
Ellos calculan que llamar enseguida es una patética muestra de debilidad. Prefieren mil veces más quedar como maleducados o desconsiderados que quedar como tipos inseguros que mendigan atención. También saben que a las mujeres, cuanta menos interés se les muestra, más se enamoran. Entonces, dado que la manera de hacerse valer y mantener interesada a una mujer es no llamarla, él no la llama.
A todos los hombres les pasó alguna vez obsesionarse con una chica, empezar a llamarla todo el tiempo, y recibir a cambio rechazo y desprecio por parte de la mujer de sus sueños. Esa herida narcisista en su vulnerable ego la sufrieron en la adolescencia… y los dejó tan doloridos que juraron no arriesgarse a que eso les vuelva a pasar. Entonces prefieren perder de vista a una mujer antes que confirmar que ella no quiere verlo.
Y hay otro motivo respecto a esto de la urgencia por volver a verse. En una salida con un hombre, las mujeres estamos atentas a tantos detalles al mismo tiempo, que necesitamos repetir la salida para poder volver a fijarnos en lo que no tuvimos tiempo de atender. Las mujeres salimos con un hombre y miramos su pelo, sus ojos, sus pestañas, cómo modula la voz, si se lavó las orejas, si tiene los dientes parejos y si se lustró los zapatos. Miramos si tiene las uñas limpias, si tiene cicatrices, qué ropa eligió, y tratamos de percibir qué perfume usa y cuál es el aroma de su piel. Queremos descubrir en el transcurso de una cena qué lo hace reír y qué lo pone serio, qué comida prefiere y cómo la mastica. Prestamos atención a qué tipo de humor tiene y hasta dónde llega su nivel cultural. Nos fijamos en cómo mira a los demás y en si nos mira a los ojos cuando hablamos. Para cuando termina la cita, acabamos tan abrumadas de detalles que necesitamos volver a ver a este hombre para saber si nuestras percepciones son ciertas o no. O para empezar a escuchar lo que dice cuando habla.
¿Y los hombres? ¿qué percibieron en la primera cita?
Ellos recuerdan vagamente qué partido de fútbol estaban transmitiendo en la tele del bar, les pareció que la comida tardó demasiado y estaba fría , y creen recordar que el café estaba bueno. Eso es todo.
La máxima definición masculina de una salida es “me aburrí” y “no me aburrí”. Un hombre ni siquiera se fija mucho en si le gusta la chica o no, sino más bien, si se gusta él estando con ella.
Así que aunque se haya sentido terriblemente atraído por ella, si en el primer encuentro se sintió tonto o desubicado, no le interesa volver a verla pronto porque no se sintió cómodo con ella. A ellos no les importa cómo eres tú, sino cómo los has hecho sentir. Las mujeres estamos tan pendientes de los detalles más pequeños que olvidamos la parte más importante de la salida: hacerle sentir a él que nos parece un tipo fascinante.
Pero los hombres perciben que los estamos observando con microscopio. Y ni siquiera a las ratas de laboratorio les gusta que las observen tanto. Si trataras así a una rata, no te llamaría. Si los escudriñaras menos, seguramente ellos llamarían más seguido.


El camino del mínimo esfuerzo

Finalmente, también sucede lo más temido: no le interesa volver a verte.
Pero jamás se animaría a decirte “la pasé mal y no te voy a volver a llamar porque no tenemos onda”. No querrían ser tan sinceros, por temor a ser groseros, ofendernos y a terminar soportando un ataque de histeria de una mujer llorando que lo mata a carterazos.
Así que si sabes que el hombre no es un caso de timidez patológica, no te confesó que tiene fobia a comunicarse telefónicamente, y tú no fuiste particularmente desagradable con él…lamento decirte que si no te llama, es sólo porque no está interesado en volver a verte.
¿Entonces por qué te invitó a salir? ¿Y por qué, en vez de invitarte a un tomar rápido café que les ahorre tiempo a los dos, te invitó a una cena de cuatro horas? Hay muchos motivos:

- pudo haber querido conocerte mejor para saber si te veía algo bueno
- quiso quedar bien para demostrarse a sí mismo que es educado y galante
- no le gustabas desde un principio, pero quiso saber si le podías presentar alguna amiga
- quiere contarle a sus amigos que salió con una mujer
- no tenía nada mejor que hacer esa noche, y tenía hambre de algo rico

Ellos son mucho más prácticos que nosotras y basan su accionar en satisfacer sus necesidades urgentes, no las de futuro, como nosotras. Como ellos saben que las mujeres esperan que ellos se despidan diciendo que las llamarán, de puro obedientes dicen “Te llamaré” como estrategia para sacarse a la mujer de encima y poder irse rápido y sin reproches. Para ellos resulta pesadillesco dar explicaciones de cualquier cosa, y lo último que querrían es escuchar a una mujer que en el momento de la despedida los bombardee con preguntas como “¿En qué te fallé? ¿Por qué te caí mal? ¿No te gustó el color de mi esmalte de uñas? ¿Me darías otra oportunidad?”. Así que la manera más práctica es decir “Te llamaré”, aunque sepan que no lo harán.



¿bQué hacer cuando no te llama?

Si el tipo te gustó y tienes el coraje suficiente como para escuchar la verdad, puedes llamarlo y decirle “me quedé esperando que me llamaras… ¿te pasó algo?” El puede inventarse que estuvo de viaje, o que estuvo enfermo, o con mucho trabajo. A veces puede tratarse de una mentira piadosa, y otras veces es cierto que estuvo de viaje, enfermo o con mucho trabajo. Pero quizás no tuvo ganas de volver a verte y eso es algo que debes admitir que pueda suceder. Lo único que podrías comentarle es “Yo sí tengo ganas de volver a verte… ¿tendrás un rato para que nos veamos?” La mayoría de los hombres se sienten halagados con esta propuesta. Pero él puede decirte que sí…o que no. Si él pone pretextos para no encontrarse contigo, esto significa una sola cosa: no quiere verte. No vale la pena insistir con él. Quítatelo de la cabeza. Por eso, es mucho más conveniente llamarlo y sacarte la duda de una vez a quedarte obsesionada esperando que él te llame.
La más probable es que el sienta por ti una leve indiferencia. Que se sienta atraído pero no sepa si eres su clase de chica. Pero como sabe que ninguna mujer aceptaría quedarse esperando a ver si a él le gusta o no, lo más sabio es borrarse y no volverla a ver.
Si él supiera que estás dispuesta a verlo dos, tres o diez veces más sin pretender pasar a nada más serio ni presionarlo - “¿por qué no me llamaste?”- , seguramente llamaría. Pero sabe cómo somos las mujeres, y cómo los presionamos cuando nos empezamos a enamorar. Así que mejor no llamar. Ellos esperan que captes el mensaje y que llenes tu tiempo con otro hombre. Consejo: hazle caso y búscate otro.
También puede suceder que un hombre se haya fascinado contigo, le hayas gustado de verdad, pero no quiera volver a verte ahora, porque piensa "Ella me gusta, pero no es el momento de salir con ella, porque no quiero nada serio. Por cierto, es la chica ideal para cuando me quiera casar. Pero como ahora ni pienso hacerlo..."
Los hombres no ven cuál es el apuro, si cualquier puede esperar que él tenga ganas de formalizar. No te extrañes si te llama seis años después diciendo: “¿Qué? ¡No me digas que porque no te llamé enseguida te casaste con otro! ¡Qué impacientes son las mujeres! ¿Quién las entiende?”